José A. Hernández Mayoral

Tribuna Invitada

Por José A. Hernández Mayoral
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Un plebiscito sin legitimidad

Aunque suene cursi, quiero empezar el cuatrienio diciendo que es obligación de la oposición apoyar al gobierno nuevo en lo que haga bien y contribuir a que sea exitoso. Hace mal tiempo y el gobernador Rosselló va a tener que cortar gastos y eliminar servicios. Será un ejercicio de fijar prioridades con el que se verá en constantes tensiones entre actuar como hombre de estado o ceder a las presiones políticas. Nos conviene a todos cooperar. Si la oposición opta por la ruta fácil de criticarlo todo no estará a la altura de estos tiempos complicados.

De igual modo es tarea de la oposición ser enérgica en la crítica y combativo en la militancia cuando el gobierno vaya a hacer algo malo. Ese es el caso con el plebiscito sobre estadidad e independencia.

Este plebiscito que proponen —al igual que el anterior— carecerá de un elemento indispensable en toda votación: legitimidad.

Se les dijo más de 100 veces en el 2012 que con aquella estructura que se inventaron estaban fabricando una mayoría artificial para la estadidad que para nada serviría. Y así fue. Por más que dicen que la estadidad sacó el 61% de los votos nadie de importancia en Washington DC les cree al punto que asignaron fondos para que se hiciera otro.

Pero el PNP en vez de aprender de sus errores, los agravan. Ahora para forzar que la estadidad sea la favorecida se les ha ocurrido eliminar del todo la opción de Estado Libre Asociado. Aunque el informe de la Casa Blanca de 2011 expresamente dice que cualquier plebiscito que no la incluya será dudoso, los estadistas esgrimen argumentos nuevos, todos falaces, para excluirlo.

Lo primero que dicen es que al ELA no hay que incluirlo porque perdió en el 2012. Si por ELA se refieren a la opción de la primera pregunta, ¿cómo es que lo eliminan habiendo sacado 828,077 votos pero incluyen a la independencia que sacó 74,895? Suponiendo que el ELA perdió aquel plebiscito, ¿de cuándo acá eso es base para excluirlo de una votación nueva? La estadidad ha perdido al menos tres y nunca se ha eliminado.

Lo que sucede es que la estadidad sacó 834,191 en 2012. Eso es solo seis mil votos más que el supuesto ELA. Es una diferencia mínima bajo una estructura diseñada para favorecerla. Los estadistas saben que las preferencias electorales son fluctuantes y un estornudo puede virar esos números. Por tanto, tienen que evitar a toda costa que se conozca cuántos adeptos tiene el ELA.

También dicen que hay que excluir al ELA porque es un status territorial y colonial, porque el Tribunal Supremo en el caso Sánchez Valle y el Congreso con la ley PROMESA lo mataron. Eso es un planteamiento altamente peligroso.

El poder les ha hecho creer que sus opiniones constituyen verdades sin espacio para el que piense distinto.

Para un estadolibrista, PROMESA plantea la necesidad de reformular al ELA, pero no eliminarlo. Lo vemos como un problema con solución dentro de la plataforma autonomista. Y por más que se queden sin aire gritando lo contrario, para nosotros Sánchez Valle reafirma al ELA como opción de futuro.

Podrán no compartir nuestra posición pero, ¿qué derecho tienen a negar que nos expresemos a favor de ella con los votos?

Cuando los que temporeramente ostentan el poder entienden que el pueblo no tiene derecho a votar por las opciones que ellos quieran, cuando gobernando con el 41% de los votos se creen con autoridad para excluir una opción preferida por al menos 834,191 electores, esto va cogiendo un saborsito a democracia venezolana.

Por lo demás, les deseo éxito.

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