Antonio Quiñones Calderón

Punto de vista

Por Antonio Quiñones Calderón
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Un territorio sin poderes políticos

En una reciente columna en este periódico (“Un nuevo futuro para Puerto Rico”/27 de enero), el exalcalde demócrata de Nueva York, Michael Bloomberg, dijo una verdad como un templo. Escribió: “Por décadas, los puertorriqueños y sus intereses han sido ignorados por Washington. Y hay una razón sencilla: no tienen voto en el Congreso. Así que a los políticos (en ese centro de poder sobre el territorio) no les tiene que importar cómo se sienten”. Agregó: “Por eso es que (los puertorriqueños ciudadanos estadounidenses) no tienen los mismos fondos que otros americanos para programas esenciales, incluyendo Medicaid, aún cuando el nivel de pobreza en Puerto Rico, casi 43%, es más del doble que el del estado más pobre (menos rico, mejor dicho). Y es por eso que, cuando enfrentan un desastre natural, Washington responde lentamente”.

Simultáneamente con las declaraciones del aspirante a la presidencia de nuestra nación, la Casa Blanca decía que “no es momento de apresurar nuevos fondos para Puerto Rico” para paliar los daños aún presentes del huracán María como tampoco los provocados por los recientes sismos. Así que ahí se unieron dos evidencias claras del principal problema económico, social y político que padecemos bajo el actual régimen territorial: el problema colonial, sin resolver el cual no puede aspirarse jamás a solucionar los demás. No solo no tenemos los puertorriqueños el poder político que nos darían 6 congresistas y dos senadores en la fuente del poder plenario sobre el territorio, sino que estamos a merced de un presidente que no recibe votos directos ni electorales para su eventual elección. En este caso último, a merced de un presidente rústico, insensible y disfuncional como el que padecemos nosotros y toda la nación estadounidense.

Otras dos instancias se dieron por estos mismos días. La primera: la mayoría estadista en el Senado del territorio presentó legislación encaminada a la solución del problema colonial mediante una votación de “estadidad, sí o no”, en la que el electorado –sin exclusión alguna– podrá  decidir por las únicas opciones anticoloniales, permanentes y no territoriales: el ingreso del territorio como un estado de la Unión federal o el reconocimiento inmediato de la soberanía de Puerto Rico separada de Estados Unidos de América mediante un tratado de independencia en libre asociación o con  independencia total. La segunda, raudo y veloz, el inmovilista liderato de turno del Partido Popular Democrático anunció su nada inesperada negativa a participar en proceso alguno de descolonización que no sea para afirmar la colonia prevaleciente. Las “razones” esgrimidas son tan antiguas como banales. La consulta de estatus, dijo uno de los líderes de turno, es “para el PNP robarse las elecciones”; argumento que se va venteando desde temprano en la campaña por un partido que se sabe sin probabilidades de triunfo. Hubo hasta quien dijo que tenemos que mantener el estatus colonial del llamado “ela”, para “preservar la autonomía fiscal del estado libre asociado”. Ese, como decía el segundo Muñoz, sigue mirándose al espejo que hace tiempo descolgaron de la pared.

 A votar en 11/20 contra la colonia.

Lea la columna de Mike Bloomberg sobre Puerto Rico.

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