María Calixta Ortiz

Punto de Vista

Por María Calixta Ortiz
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¿Un virus que infecta células sanguíneas debió tratarse diferente?

Si algo ha sorprendido del SARS-CoV-2 es la capacidad de evolución de la información en muy poco tiempo. No hay duda de que la investigación y el conocimiento sobre este virus ha ocurrido más rápidamente que cuando surgió el VIH, por ejemplo. Y es que, si bien no ha dejado de ser una enfermedad infecciosa que se desarrolla principalmente en el pulmón, los casos de pacientes con coágulos de sangre desde abril, entre otros síntomas misteriosos atribuidos al COVID-19, le han cambiado el paradigma al tratamiento médico. Tal vez ahí es donde está la raíz de muchos de los problemas.

Sabemos que el 40% de las muertes están asociadas a complicaciones vasculares: dedos morados, derrames cerebrales, ataques cardíacos, daño renal, inflamación del corazón e inflamación del cerebro. Esto sugiere una afección de los vasos sanguíneos. Un virus respiratorio que infecta las células sanguíneas que circulan por todo el cuerpo era prácticamente desconocido hasta ahora.

Lo que se ha estudiado es que el SARS-CoV-2 ingresa al cuerpo a través de los receptores presentes en la superficie de las células que recubren el tracto respiratorio en la nariz y la garganta. Cuando el virus entra al pulmón, destruye el tejido, que es cuando las personas comienzan a toser. Una vez en los pulmones, el virus se mueve desde los alvéolos del pulmón hacia los vasos sanguíneos, los cuales también tienen abundantes receptores en sus células.

El daño en las células provoca inflamación en los vasos sanguíneos. La probabilidad de que se despegue cualquier placa que haya en las paredes de los vasos sanguíneos y cause un ataque cardíaco es alta. El efecto es causado por un coágulo o muchos coágulos que llegan al pulmón, al riñón, al corazón, al cerebro, y causan desde un ataque cardiaco a un accidente cerebrovascular con consecuencias fatales. Esto explica por qué personas con presión arterial alta, colesterol alto, diabetes y enfermedades cardíacas tienen un mayor riesgo de complicaciones ante el COVID-19.

Mucho de este conocimiento se lo debemos principalmente a los chinos e italianos, quienes llevaron a cabo cientos de autopsias a pacientes de COVID-19 para conocer los daños en los órganos internos, y han visto coágulos de sangre en todas las partes. Hay que cambiar el discurso de la pulmonía y enfocarnos en las trombosis.

Entonces es cuando nos preguntamos, ¿es la intervención de un ventilador la única respuesta, o los médicos están incluyendo en el protocolo de tratamiento un estabilizador de los vasos sanguíneos y el control de los coágulos para que la circulación y el movimiento de oxígeno ocurra adecuadamente? Muchas de estas respuestas no las tengo. Hace falta que los médicos que están involucrados en estudios clínicos publiquen lo que están haciendo en Puerto Rico.

A nivel mundial, se perdieron muchas vidas porque inicialmente el virus se trató como cualquier otro virus respiratorio que causaba neumonía. Bueno, nadie lo sabía, pero ya sí. Ahora debemos enfocarnos en las vidas que se salvarán de aquí en adelante.

Tal vez la terapia antiviral no fue la única respuesta que algunos médicos utilizaron para tratar a sus pacientes distinto a lo que decía la Organización Mundial de la Salud. Si la forma de combatir este virus es con antibióticos, anticoagulantes y antiinflamatorios, se debe informar a la comunidad para que podamos tomar decisiones en algún momento en el que un familiar o nosotros mismos contraigamos el virus. Buscar la información es siempre deseable, pero también es el deber de la comunidad médica dejarle saber al paciente cómo están incorporando los avances en la práctica médica en Puerto Rico.

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