Juan Antonio Candelaria

Tribuna Invitada

Por Juan Antonio Candelaria
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Un voto bajo una insignia es un cheque en blanco

En la antesala de  las próximas elecciones, el país se encuentra sumido  en  un  momento crucial de su historia. Acontecimientos, como el despilfarro gubernamental,  una múltiple convicción por corrupción gubernamental y, como corolario,  una auto infligida Junta de Supervisión Fiscal, que tiene más de control que de supervisión, nos ha sobrecogido.   

No obstante, de las crisis germinan oportunidades. Este 8 de noviembre, el país tendrá la oportunidad de elegir los hombres y mujeres que regirán nuestro destino. Es una oportunidad trascendental que tenemos  los puertorriqueños. Ante tan importante ocasión, es  justo tomarse el tiempo razonable y necesario, el espacio que sea, para reflexionar libre y sin ataduras.  Ese tiempo dentro de la caseta electoral, es la mayor ofrenda que le hacemos a la patria. Sepa  que, tendrá cuatro años más para sentir el resultado de su decisión, para bien o para mal.

El pueblo tiene dos caminos a seguir. O sigue perpetuado los partidos políticos, imponiendo en su razonar más una  insignia o emblema, que un ser humano. O,  por otro lado, se libera de la cadena del partidismo y emite un voto diferente. Un voto de conciencia, de razonamiento, de brío intelectual. Un voto donde las ideas, valores, convicciones, motivaciones e intenciones de bien, trasciendan símbolos e insignias.   Ni las insignias, ni los emblemas piensan, reflexionan y actúan,  facultades solo humanas.

La misma estructura  que los políticos de carrera aseguran es su mayor activo, resulta ser su mayor debilidad.  Es así, porque cobijados bajo esa estructura se guarecen los que le habrán de pasar  la factura al pueblo, si alcanzan la victoria: no tan solo grandes contribuyentes, sino pasquineros,  “analistas a sueldo”,  asesores,  estrategas,  funcionario de colegios. Esa estructura los convierte en  organizaciones con fines de lucro. Consabido es, demasiado muchos ahijados y amigos.  Pero aún más, el partidismo  es dañino porque, al incitar el voto integro bajo una insignia, desalienta el juicio crítico,  sucumbiendo el ser humano a lo que llamó Freire,  un “esclavo sumido en su condición servil”, o el hombre masas e  inauténtico de Heidegger, (M. Riestra, 1997). 

Inducir al voto por rebaños con su pastor es fallarle al intelecto y faltarle el respeto a la capacidad reflexiva  del puertorriqueño. Es insostenible bajo cualquier  corriente filosófica. Es dañino, además,  porque  un voto bajo una insignia es un voto ciego, un cheque en blanco. Es propiciar que juntos con los candidatos decentes, entre los corruptos.  Es obvio pensar que, los políticos a sueldo, como sus parásitos, defiendan  a capa y espada el partidismo porque conviene a sus intereses.  

Se impone un cambio. El único derrotero, la única alternativa para salvar al país, es dando un voto por las candidaturas independientes. Independientes de intereses mezquinos, ataduras de partidos, de  usureros  de la política.  No tienen estructura electoral, ¡qué bueno! Pero,  tienen estructura cognitiva,  un componente de ideas, conocimientos, convicciones propias, en fin el buen deseo de servir sin pasados nebulosos. Experiencia de la buena, no de despilfarro.

Hay varias formas de emitir un voto diferente, voto inteligente.  Por primera vez en la historia moderna, tenemos dos candidatos independientes a la gobernación con vastas credenciales para dirigir el país. Candidatos sin las ataduras y compromisos que implica las estructuras partidarias.  Voto por candidaturas, justipreciando  la oferta total de candidaturas disponibles y votar conforme a las ejecutorias de cada candidato y las expectativas del votante. Esto propicia el pensar  libre de las cadenas que impone los partidos. El  voto por partidos es bueno porque conviene a los políticos,  por candidaturas es bueno porque es el más conveniente al país.  Este es el único derrotero viable.

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