Wilda Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Wilda Rodríguez
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Un voto contra la Junta… también

Si el plebiscito llegara a celebrarse en junio, lo podemos convertir hasta en un voto contra la Junta de Control Fiscal votando por la soberanía de Puerto Rico.

La Junta es el epítome del coloniaje. Si el plebiscito no va a servir para resolver definitivamente el status de Puerto Rico, sí nos puede servir para hacerle claro a la metrópolis que repudiamos el coloniaje y cualquier gobierno colonial que se preste a reafirmarlo y perpetuarlo.

El plebiscito de junio se propone como un pronunciamiento contra la colonia.

Quienes se oponen al mismo lo hacen arguyendo que es un ejercicio amañado a favor de la estadidad, no obliga a Estados Unidos (no es vinculante), es un concurso de simpatías que no se ejerce desde el poder soberano, o que, por principio, la libertad no se plebiscita y hay que abstenerse. O sea, que para descolonizarnos tendremos que esperar a que el pueblo se levante en una revolución o a que la comunidad internacional obligue a Estados Unidos a darnos la independencia.

Por otro lado, pareceríamos estar de acuerdo en que la estadidad podría ganar este plebiscito pero no adelantar ese status, dado que Estados Unidos buscaría la forma de ningunearlo. Lo entendemos como un intento de los estadistas de mantener la ilusión de que adelantan la estadidad en medio del maremágnum de Donald Trump, y de desviar la atención sobre su complicidad con la Junta.

Los independentistas y soberanistas que ya han decidido acudir al plebiscito a defender la soberanía han hecho claro que lo hacen porque no le van a dejar la cancha a los estadistas y van a aprovechar hasta el último suspiro la oportunidad de educar para adelantar la descolonización de Puerto Rico.

Si a esto le añadimos que podemos votar contra el coloniaje burdo que representa la Junta, tenemos una doble oportunidad.

Lo ocurrido la semana pasada en la Universidad de Puerto Rico no es otra cosa que la primera debacle ordenada por la Junta y ejecutada por el gobierno colonial desde una complicidad que pretende vender como renuente, pero es complicidad.

Esa “colaboración” tiene como propósito exprimir el país para pagarle una deuda a los bonistas que no quieren auditar porque de entrada saben que más de la mitad de ella es ilegal.

Fíjense que la complicidad del gobierno con la Junta se hace clara en esta negativa a auditar la deuda. Cuesta dos millones de dólares la auditoría, dice el gobernante. Cuesta tres millones mensuales la Junta, digo yo.

Entonces podemos tumbar dos pájaros con un chícharo.

La estadidad no se va a dar porque gane el plebiscito. Hay estadistas que pueden aprovechar el voto para expresar su propio disgusto contra la Junta y contra el gobierno que le hace coro contra los salarios, las pensiones, la salud y la educación del pueblo. Después de todo, mientras más tercermundista el país, menos atractivo como estado de la gran corporación.

Hasta los del ELA mejorado pueden sacudirse el coloniaje que los avergüenza votando contra él como un voto contra la Junta.

Un buen susto podría propiciar un proceso verdaderamente vinculante.

Pero, sobre todo, un plebiscito que gane la soberanía podría propiciar que la metrópolis entienda que lo que en este momento rechazamos con toda la pasión puertorriqueña que nos caracteriza, es la dominación colonial que este proyecto de la Junta hace evidente de manera burda.

A los que piensan que esto es una manipulación, ¿por qué no? A un plebiscito amañado, un plebiscito manipulado. ¿O es que tenemos que ser los más bobos?

La diferencia es hacer las cosas de frente.

El plebiscito de junio puede ser un paso hacia la descolonización si le viramos la tortilla a los cómplices de la Junta.

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