Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Un voto por King Kong

Al comentarista político Ignacio Rivera se le atribuye haber dicho una vez que él es tan estadista que si el Partido Nuevo Progresista (PNP), la única colectividad que impulsa la anexión de Puerto Rico a Estados Unidos, postula para la gobernación a King Kong, el ficticio gorila gigantesco del que se vienen haciendo películas desde 1933, el simio contaría con su voto.

Es, obviamente, una hipérbole. Pero retrata como radiografía hasta los cartílagos de uno de los fenómenos emblemáticos de la política en Puerto Rico: la cantidad de gente que tiene un apego tal a la insignia de un partido que le daría el voto no importa quién sea ese candidato ni las circunstancias que lo rodeen. 

Eso es lo que llamamos “el corazón del rollo” y existe en los tres partidos históricos, donde hay gente que ya decidió que votará por el PNP, o por el Partido Popular Democrático (PPD) o por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) en el 2020, en el 2024, el 28, el 32 o hasta que tenga vida.

Es algo que se ha ido reduciendo en las últimas elecciones. Por ejemplo, en el 2004, se emitieron aquí 1,879,982 votos íntegros. En el 2016, la cifra había bajado a 1,136,949, una reducción de 40%. En el 2004, los votos íntegros fueron el 94.30% del total de los emitidos; en el 2016 fueron el 72%. Con todo y el auge que tuvieron las candidaturas independientes en el 2016, el voto íntegro como puede verse, sigue siendo el rasgo prevaleciente nuestra fisonomía electoral. 

Esa es la mejor explicación que se puede dar a los resultados de hoy de La Encuesta de El Nuevo Día, que revelan que cualquier candidato que postule el PNP le gana a cualquiera que postule el PPD o las otras dos colectividades, el PIP y el recién fundado Movimiento de Victoria Ciudadana, a los que retrata todavía muy lejos de un posible triunfo.  

Muy poca gente puede decir mirando al sol que al PNP le ha ido bien este cuatrienio. Desde las investigaciones y arrestos por corrupción, la debacle operacional en las agencias, las difíciles relaciones con Washington y hasta la renuncia del exgobernador Ricardo Rosselló, se ha vivido uno de los cuatrienios más turbulentos en nuestra historia.

Pero, el PNP tiene “el corazón del rollo” más grande en Puerto Rico y con todas las demás fuerzas dispersa en kioscos aparte, puede ganar en el 2020 igual que ganó en el 2016, cuando apenas sacó el 41% de los votos. Pedro Pierluisi seguramente será su candidato y este quizás agarra uno que otro voto de la periferia. Pero La Encuesta de El Nuevo Día dice que eso ni falta hace, pues ganaría con cualquier otro candidato. Ganaría hasta con el doctor Iván González Cancel, de quien no se sabe si al final se postulará o no.

En medio del desprestigio generalizado de la clase política, el PNP mantiene tal arraigo porque tiene algo que ningún otro partido tiene: un mensaje claro, digerible, con el que desde la superficie es muyfácil relacionarse y que en sus contornos generales se puede explicar de manera muy sencilla. Ese mensaje, por supuesto, es la estadidad. Ni ninguna de las 7,556 versiones de ELA desarrollado, ni la independencia, se pueden explicar con esa claridad. 

Racionalmente se puede plantear el caso de que la estadidad no es posible porque es obvio que a Estados Unidos no le interesa. Pero a esos planteamientos siempre es posible oponerle los argumentos emocionales de que se puede seguir pidiendo, de que es un derecho y hasta las medias verdades con las que se plantea que a tal o cual estado se le negó la admisión tantas o cuantas veces. 

El brillo de la promesa de la protección de Estados Unidos y de los fondos federales, más el terror a toda otra posibilidad de futuro político, han opacado hasta ahora cualquier argumento racional contra la estadidad. La manera muy efectiva desde el punto de vista propagandístico en que el PNP ha manejado siempre este tema es el oxígeno que mantiene viva a esa colectividad aun en medio de espesas ciénagas en que a menudo le meten hasta la rodilla sus líderes. 

Y eso es algo que lo entiende hasta King Kong.  


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