Alberto Cáceres

Desde la Diáspora

Por Alberto Cáceres
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UPR con cáncer generalizado

La UPR pertenece al pueblo de Puerto Rico. Esa es la respuesta que siempre se ha recibido ante la pregunta de a quién le pertenece. Aunque eso es cierto, en el fondo eso significa que no pertenece a nadie. Y hoy vemos la comprobación de ese hecho: total acefalía frente a la amenaza de desaparición.

Pero, en realidad, la UPR ha sido propiedad –intermitentemente -- de los dos partidos políticos más notorios. El vaivén político puertorriqueño siempre ha determinado que la dirección de la universidad cambie de autoridades cada vez que hay cambio de poder. En los últimos cuatro decenios ninguno de los partidos ha tenido el poder por más de ocho años; últimamente solo cuatro. Nunca hubo una guía permanente que permitiera establecer políticas duraderas. Cada cambio de gobierno determina el cambio en la dirección de la universidad; y esto sucede de manera curiosa.

En efecto, el día de elecciones se sabe qué partido gobernará la Isla por cuatro años.  Cambio de partido determina la renuncia, voluntaria u obligada de la dirección de la universidad: presidente, rectores, decanos, directores de departamentos, directores de oficinas. Entonces empieza un período de interinatos: presidente interino, rectores interinos, etcétera. Los interinatos sirven solo para que el paciente mantenga los signos vitales; que no se muera, pero que tampoco despegue. Los interinatos duran más de medio año, pues se espera que el nuevo año académico empiece con las nuevas autoridades “en propiedad”. Cuando estas llegan, a menudo traen sus “batatas”, privilegio del partido gobernante. Mientras se acomodan en sus respectivas butacas, empieza un periodo no mayor de tres años de cierta seriedad administrativa. Inmediatamente después viene la espera de otra dirección a ser determinada por las nuevas elecciones. Algo parecido sucede con el Departamento de Educación estatal y el consecuente incierto destino de la educación pública.

La nueva administración no tiene tiempo de consolidarse ni de asegurarse de que los proyectos iniciados sean respetados o al menos tomados con seriedad por la administración que vendrá y que estará más bien interesada en promover sus propios proyectos, si los tiene.

A pesar de este panorama de improvisación en el nivel de autoridades, la UPR sí funciona, gracias a la seriedad laboral de docentes y no docentes. Es fundamental la preparación académica de su facultad, de su dedicación a la academia y a su trabajo, hechos que se ven en el salón de clases, en la atención y guía a estudiantes en las oficinas y laboratorios, en la participación en asambleas y comités, en el trabajo interno de los departamentos, en la investigación de aquellos que proponen proyectos que se aprueban y financian. Es en estos niveles a donde no llega, y más bien se rechaza, la feria política.

Hay aún otro elemento fundamental en este funcionamiento y es el sistema de acreditación de agencias supra-estatales cuyas opiniones, recomendaciones y sentencias no solo se respetan, sino que se obedecen (…y se temen). Queramos reconocerlo o no, estas agencias influyen en nuestra seriedad educativa.

Esta universidad del pueblo de Puerto Rico, pero propiedad de los dirigentes políticos, en realidad no está en crisis privada. La crisis es de la Isla entera. Sin embargo, estamos viendo que esta institución, especialmente su estudiantado, es el único órgano vital, de toda la Isla, que está dando batalla, errónea o no, en un cuerpo atacado por cáncer generalizado. Estos dos partidos que se han deleitado a lo largo de los años en manipularla hoy tienen la ineludible obligación de rescatarla de una amenazada muerte por inanición.

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