Emilio Pantojas García

Tribuna Invitada

Por Emilio Pantojas García
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UPR: victoria para la huelga, derrota para el diálogo

En una asamblea democrática, pacífica y bien organizada se aprobó una resolución cuyas consecuencias son limitar el diálogo y retrasar la búsqueda de soluciones viables a la crisis fiscal creada por la Junta de Supervisión Fiscal y el Gobierno local en la Universidad de Puerto Rico.

La asamblea de los estudiantes fue muy concurrida y superó el cuórum por mucho. El debate fue abierto y la moción de cierre ganó en buena lid. No obstante, los 1,993 votos a favor de continuar la huelga constituyen tan sólo el 12.2% del estudiantado, los 533 en contra son apenas un 3.3%, mientras que el 84.4 (13,674) que no acudió a la asamblea completan el total de poco más de 16,200 estudiantes.

Claro, los ausentes y los abstenidos no niegan la victoria, ni su legitimidad. Lo que muchos cuestionamos es su sensatez, la mayoría no siempre tiene la razón, aunque pueda imponer la suya. Como los universitarios que nos oponemos a la huelga, no favorecemos el uso de la fuerza para abrir los portones, esta “mayoría-minoritaria” constituida legalmente en asamblea puede imponer su visión y voluntad sin temor a represalias.

Un compañero universitario, experto en asuntos financieros y presupuestarios, resumió las consecuencias de mantener los portones cerrados diciendo: La huelga no va a cambiar los ajustes a la UPR, al contrario, atrasa la discusión de las alternativas de recuperación. Y ese es precisamente el punto. Con los portones cerrados el diálogo se limita a los huelguistas y la Administración universitaria. Si se abrieran los portones podría incluirse a la mayoría de estudiantes, aparentemente apáticos, y la mayoría de los profesores y empleados que apoyan la protesta, pero no el cierre de portones.

Hay que tener claro, por otra parte, que la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU) no representa a la mayoría de los profesores del Recinto de Río Piedras ni del sistema UPR, y la asamblea que celebró no tiene la misma legitimidad que la de los estudiantes.

Si bien los estudiantes y profesores huelguistas, justo antes de la asamblea, hicieron algunas propuestas para incrementar los recaudos de la Universidad, también es cierto que no se han movido significativamente de sus propuestas: cero recortes, ningún aumento en la matrícula, ningún aumento en la carga académica y mejores condiciones de trabajo para los profesores por contrato, incluyendo la extensión a estos de beneficios marginales.

Nada dicen de la propuesta de la administración sobre matrícula ajustada, no se discuten reformas estructurales en los recintos y en el sistema. En todo caso, estas discusiones toman tiempo y no se resolverán en los próximos dos meses. Por otra parte, todos los y las universitarios/as estamos de acuerdo y demandamos la auditoría de la deuda y la administración ha acordado que la Universidad se haga cargo de esta auditoría con sus extraordinarios recursos intelectuales.

Cerrar los portones de la UPR implica limitar el diálogo a los huelguistas y sus simpatizantes más cercanos. Se dice que no abrirán hasta que no termine la negociación. Entre quienes ocurre esta negociación, la Administración de la UPR y los huelguistas; éstos y la Junta y el Gobierno.

El diálogo se mueve dentro de un círculo cerrado que excluye a la mayoría y que les permite dialogar sin escuchar las voces disidentes ni moverse de sus posturas. Dialogamos, pero si yo no prevalezco, cierro el campus. Ese es el mensaje, poco universitario que se envía a los que estamos fuera del círculo de “los elegidos”, que acusan de elitistas y reaccionarios a los que pretendemos que haya diálogo con portones abiertos.

Paradójicamente, la mayoría legítima de los estudiantes acordó en una asamblea ejemplar limitar severamente el diálogo a los que estén de acuerdo con los portones cerrados. Los demás quedamos en la periferia, ignorados y excluidos por la “tiranía de la mayoría” que en realidad es la minoría. 

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