Gabriel J. López Arrieta

Tribuna Invitada

Por Gabriel J. López Arrieta
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Urge sabiduría legislativa para resolver la crisis en Puerto Rico

Décadas atrás, Luis Muñoz Marín dijo, y cito, “el pueblo de Puerto Rico necesita probarse a sí mismo, que puede seguir la gran ruta de justicia y de progreso sin depender de un solo hombre”.

Comenzar a escribir esta columna ha sido uno de los ejercicios de reflexión más difíciles que he tenido que hacer, por la cantidad de emociones y sentimientos encontrados que hoy experimentamos como pueblo. Con justa razón, no se pueden minimizar ni juzgar las reacciones de coraje, frustración, engaño y desilusión que estamos viviendo ante este triste escenario político.  Dentro de un pueblo agobiado que no se recupera de los embates del catastrófico huracán María, surge este capítulo en nuestra historia política del cual nunca pensamos ser testigos. No hay duda de que estamos atravesando una crisis institucional y política sin precedentes en Puerto Rico.

Tenemos que replicar el ejemplo de líderes de la talla de Luis Muñoz Marín y Luis A. Ferré ante momentos de crisis, actuando con sabiduría para garantizar la estabilidad social y gubernamental que nos urge. El pueblo de Puerto Rico siempre ha sido sabio, y así nuestra historia lo ha reconocido. En estos momentos de crisis y dificultades, el liderato político tiene que actuar con entendimiento, responsabilidad y sensatez ante cualquier circunstancia. 

Ante la crisis en la rama ejecutiva que hoy nos ocupa, la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico ofrece las garantías necesarias para la estabilidad gubernamental y social que hoy necesitamos con urgencia. La legislativa, por su naturaleza, es la rama de gobierno más representativa de nuestro pueblo. Está diseñada para promover el bienestar general y defender nuestro sistema democrático.  Por esto, hoy más que nunca, tenemos que confiar en que nuestro cuerpo legislativo, con sabiduría, descargue su responsabilidad constitucionalmente diseñada.

Puerto Rico tiene que seguir caracterizándose por lo que siempre hemos sido, un pueblo sabio, no por los eventos que nos agobian hoy. Nuestro pueblo se distingue por ser prudente, resiliente, sensato y valiente; y ante esta realidad que nos ha tocado vivir no ser la excepción. Así mismo, ante la percepción errónea de que la juventud está ligada a la inmadurez, nuestros jóvenes están dotados de un profundo sentido moral, guiados siempre por el bienestar común.

No es momento de generalizar, pero tampoco de permitir que el ego y fanatismo nublen las decisiones que el liderato político tiene que tomar. Jamás pensé ser testigo de una crisis constitucional de la magnitud que Puerto Rico atraviesa en estos momentos.  Sin embargo, todo servidor público, incluidos nuestros gobernantes, tienen que anteponer el país antes que cualquier otra consideración. Terminar con el desasosiego y la angustia social que estamos viviendo tiene que ser lo que nos ocupe.uemos ya!

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