Mariely Rivera Hernández

Tribuna Invitada

Por Mariely Rivera Hernández
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Urge una nueva filantropía ante la catástrofe

Prohibido olvidar el mes de septiembre de 2017. Todos los sectores dentro y fuera de este 100x35 estamos buscando soluciones inmediatas. La necesidad de repensar el país en su totalidad, a tenor con la magnitud de esta catástrofe, reafirma la urgencia de cincelar una nueva filantropía.

Los esfuerzos filantrópicos en Puerto Rico tienen su historia desde las misiones religiosas para atender la pobreza, los desamparados, los enfermos, el acceso a la educación, entre otros.

Ha pasado el tiempo y se evidencia una filantropía más madura, comparada con los inicios. Sin embargo, es imperante un replanteamiento desde el diseño de las iniciativas, la planificación coordinada basada en prioridades, un eslabonamiento de las alianzas para eliminar los esfuerzos aislados. La filantropía no puede ser un reflejo de la ausencia de logística en el país.

Según el Estudio de las Organizaciones sin Fines de Lucro (OSFL) en Puerto Rico, publicado en el 2015 por Estudios Técnicos, las OSFL que ofrecen servicios representan a 11,570 entidades. El resumen ejecutivo revela que siete de cada 10 participan de los procesos de formulación de política pública y cuatro de cada 10 mantiene relaciones de colaboración o alianza con otras entidades. Además, una de cada cinco mantiene algún contrato con agencias gubernamentales para la prestación de servicios.

Esto refleja que su rol es trascendental y extremadamente necesario ahora en momentos de tanta incertidumbre.

Los dos huracanes que nos han impactado en menos de un mes nos han traído, más allá del dolor y la consternación, la gran oportunidad de dejar morir viejas prácticas y nacer para construir una visión  filantrópica distinta.

El diseño debe ser una prioridad: Descubrir e identificar ideas a través de procesos creativos que empaticen las relaciones. Definir el problema y construir un marco operativo que permita establecer las prioridades sociales. Imaginar y diseñar un proceso para ofrecer soluciones de incentivos y de apoyo financiero. Planificar y desarrollar un plan colaborativo con métricas de resultados de innovación incremental y radical. Ejecutar y poner a prueba los empredimientos sociales.

Este diseño debe contemplar el enfoque y las estrategias de recaudar fondos dentro y fuera de Puerto Rico. El estudio Giving in Puerto Rico de 2016, comisionado por la prestigiosa Escuela de Filantropía de la Universidad de Indiana, con el apoyo de las fundaciones Flamboyán y Kinesis, indica que: tres de cada cuatro hogares reportan donativos, siendo el 53% de la población quien dona a organizaciones sin fines de lucro que se concentran en asuntos locales. También el informe revela que los asuntos sociales de mayor interés son: los educativos, la salud y la economía.

Asimismo, las causas que reciben más donativos son las que apoyan necesidades básicas, religiosas y de salud. No hay evidencia de las donaciones que vienen de los esfuerzos externos, excepto cifras y deberíamos estudiarlo. Por lo tanto, es urgente replantear el diseño filantrópico atemperando la realidad demográfica y las situaciones que afloran tras el paso de la catástrofe. Comencemos por hacer un inventario de los aprendizajes post Irma y María e integremos el conocimiento de los grupos que trabajaron post Katrina, Sandy y Harvey. De ese ejercicio de problematización imaginaremos, planificaremos y ejecutaremos un nuevo Puerto Rico.

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