Charlie Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Charlie Rodríguez
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Vandalismo que daña a Puerto Rico

La celebración del Día Internacional de los Trabajadores fue una jornada donde se pudo comparar cómo el ejercicio de libre expresión garantizado por la Constitución federal que nos cobija como ciudadanos americanos, y refrendada por nuestra Constitución territorial, se vio mancillada por la intransigencia, el vandalismo y la amenaza.

Lo más triste del caso es que todas las informaciones periodísticas dan cuenta informativa, gráfica y textual, de que personas encapuchadas ligadas a los reclamos de la comunidad universitaria, irrumpieron en daños materiales contra propiedad privada del Banco Popular en Hato Rey, la sede de UBS y otras edificaciones y comercios aledaños.

Se reportó ampliamente que no fue un incidente aislado. Los encapuchados vinieron armados de piedras, palos, escudos, y gases para ocultar sus acciones, que lejos de ser un ejercicio de libre expresión, fue un claro acto de violencia, actividades delictivas y total desprecio a la naturaleza de Puerto Rico, que es un pueblo amante del orden y la paz.

Ningún líder obrero apareció para apaciguar a los vándalos revoltosos.

Imagino que, en la mente de algunos inconscientes, este tipo de acto que se da como excusa de un rechazo a la imposición de una Junta de Supervisión Fiscal, repercutirá en Washington como un mensaje de que hay que respetarnos.

Nada más lejos de la verdad. La Capital federal está acostumbrada a marchas multitudinarias y al ejercicio de protestar por cualquier asunto, sin mayores percances.

Ahora bien, cuando la protesta se convierte en delito, todos los instrumentos de ley y orden se mueven a encausarlos y lograr el remedio legal que las leyes que sustentan nuestra sociedad proveen para mantener el orden y el apego al ordenamiento.

Realmente no creo que en la Capital federal se perciban estas acciones virulentas, como reflejo de una demostración pacífica, ni como una acción que mueva a un mejor entendimiento.

El daño real no está en cristales rotos, ni en el grafiti con lenguaje soez e insultante. Siempre habrá un seguro que responda y habrán posibles acusaciones y convicciones contra los que intentaron sembrar caos y violencia.

El daño real es al buen nombre de Puerto Rico, a nuestra idiosincrasia, a hermanos trabajadores en el área y a cientos de clientes y consumidores que acudieron a realizar sus trámites rutinarios en la zona bancaria.

El daño de los vándalos es a nosotros mismos. Lo peor, y esto sí que es triste, dramático y perturbador, que son los llamados líderes del futuro -nuestros estudiantes universitarios-, los actores de la violencia, el motín, el desenfreno y de la inconsciencia.

La legitimidad de la lucha universitaria en defensa de nuestro máximo centro docente, fue vilmente atropellada por los que reclaman diálogo a fuerza de la confrontación, intimidación y terrorismo.

Triste epílogo al Día Internacional de los Trabajadores.

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