Wilfrido G. Ortiz

Tribuna Invitada

Por Wilfrido G. Ortiz
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V de Victoria por Puerto Rico

En desarrollo económico no podemos apostarle todo nuestro dinero a un solo caballo. O sea, un país no se desarrolla con una sola apuesta. Sin embargo, es importante estar conscientes de que hay que organizar la multiplicidad de apuestas o estrategias como equipo, de lo contrario estaremos dando palos al garete.

En el ciclismo, el más fuerte del equipo suele ir al frente como jefe de escuadra, como punta de lanza. Su fuerza ayuda a cortar el viento para que se les haga un poco más fácil el trayecto a los ciclistas que lo siguen. De forma parecida, las bandadas de aves se organizan en forma de V para hacer viajes largos, y la posición delantera es la que requiere más fuerza para así ayudar al resto del grupo. En su aleteo hay sincronización para conseguir una mayor eficiencia grupal en el uso de energía.

Así también funciona el desarrollo económico. Necesitamos varias estrategias, pero si no están organizadas por prioridad perdemos sinergia y eficiencia. Debemos estar claros en cuáles son los sectores más fuertes que queremos y podemos desarrollar en nuestra economía y qué otras actividades se sincronizarían más naturalmente.

Este proceso ya lo logramos una vez gracias a la generación de nuestros padres y abuelos. Sin minas que se pudieran explotar ni bosques que se pudieran talar, Puerto Rico fue estratégico en apostar a la capacidad de su gente, y así logramos sobresalir en la industria farmacéutica, que era la competencia mundial más retante de la época.

Pero, como decía Sun Tzu, “no existen en la guerra condiciones permanentes”. Entonces nos dormimos, nos anquilosamos, aprendimos a administrar las empresas pero no a ser empresarios. Otros aprendieron de nosotros y nos pasaron por el lado. Se nos extinguió el fuego, el ímpetu. No defendimos y ni siquiera nos inmutamos cada vez que otra empresa se muda para otro país. No solo nos dejamos robar la delantera, sino que han surgido otras competencias en las que tenemos el capital humano para sobresalir a nivel mundial, como en la computación, pero no hemos puesto nuestro esfuerzo colectivo en ello. 

Pero agua pasada no mueve molino. Las preguntas ahora son ¿estamos claros en qué es lo que vamos a hacer? ¿Tenemos idea de hacia dónde vamos? ¿Cuáles van a ser nuestras estrategias y cuáles van a ser nuestros jugadores fuertes? ¿Cómo frenamos la fuga de nuestra producción y crecemos en las nuevas áreas de oportunidad?

Siempre hay retos y limitaciones, pero también fortalezas y oportunidades. Es el ímpetu lo que hace la diferencia. Necesitamos reenfocarnos en la responsabilidad de ser productivos en lugar del derecho a recibir lo trabajado por otros. Si una vez lo logramos a pesar de nuestras limitaciones políticas, educativas y económicas de la década de 1960, con empeño y a pesar de los nuevos obstáculos podríamos volver a ganar terreno en la competitividad mundial.

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jueves, 1 de febrero de 2018

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