Milagros Rivera Watterson

Punto de vista

Por Milagros Rivera Watterson
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Venceremos al virus

Con una cuarentena que ya perdió el nombre llevamos en el país casi sesenta días de aislamiento físico, de usar mascarillas y guantes, de vivir bajo el temor de ser el próximo contagiado con el COVID-19, de ver y oír los programas diarios sobre el avance de la pandemia, de las conferencias de prensa de larga duración. Nos sentimos agotados tanto física como emocionalmente.

Hay un dicho popular que en mis tiempos de juventud era muy usado, “nadie sabe lo que es la libertad hasta que la pierdes”. Es una plena realidad en estos momentos. Así, aunque entendamos desde el punto de vista racional las medidas tomadas por el gobierno para evitar que se expanda el virus, a niveles emocionales nos sentimos mal. A nadie le gusta que lo restrinjan, que le digan dónde puede o no puede ir, que le impongan un toque de queda para que se quede en su casa desde las 7:00 p.m. hasta las 6:00 a.m. A los seres humanos nos gusta ser libres y tantas restricciones nos agobian. 

Por más que intentes entretenerte haciendo actividades en tu casa, llega un momento en que puedes sentirte encerrado y hasta tener la sensación de que las cuatro paredes de tu casa te aprisionan. Son muchos los que se sienten ansiosos, crece su nivel de estrés, pierden la paciencia por cualquier cosa, les embarga la tristeza y cunde la desesperanza. 

Si a ese cuadro le añadimos la pérdida del trabajo en unos casos o el tener que efectuar el mismo desde la computadora de tu hogar a la vez que atiendes a tus hijos, sentimos cómo la vida se nos complica. El ayudar a tus hijos con las tareas de la escuela desde la computadora de tu hogar o desde un teléfono inteligente sigue complicando la vida de las personas.

Para muchos el ver cómo pasan los días y no pueden trabajar, ni tampoco llega el dinero del desempleo, es una realidad cotidiana que crea una gran angustia. Para miles de mujeres jefas de familia el no tener el dinero necesario para alimentar a sus hijos es una preocupación mayor. Lamentablemente, hay personas que dentro de sus burbujas no pueden entender lo que pasan las familias que no tienen para proveerle alimentos a sus hijos. 

Ante este panorama consideramos que la mayoría de las personas están conscientes de esta realidad y por eso son múltiples las organizaciones del tercer sector, las alcaldías y personas particulares que están haciendo esfuerzos extraordinarios para llevar el pan a esos hogares. En eso estriba una empatía genuina y la verdadera solidaridad.

Todos esperamos con ansias que termine esta cuarentena, pero hacerlo requiere que sigamos respetando el protocolo instaurado. No podemos arriesgarnos a romperlo en aras de lograr la libertad, porque podría costar muchas vidas. 

Hay que seguir protegiéndonos, no solo personalmente sino también a aquellos con quienes hacemos contacto. Si lo hemos logrado hasta ahora podemos seguir haciéndolo, tanto por ti como por tu familia, tu comunidad y nuestro país. Vencer al COVID-19 no es fácil, pero lo estamos logrando. Venceremos.

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