Miguel Henrique Otero

Tribuna Invitada

Por Miguel Henrique Otero
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Venezuela: lo próximo es el final del régimen

Intentaré en lo que sigue ofrecer un panorama de la lucha de los demócratas venezolanos: comentar, de forma sucinta, de dónde venimos y hacia dónde vamos.  

Antes de seguir es prudente consignar al menos cuatro de los factores que me parecen determinantes en este momento. El primero de ellos, es que Juan Guaidó, presidente de la legítima Asamblea Nacional y presidente encargado de la República, ha logrado, en apenas semanas, lo que durante mucho tiempo se nos escapaba a los demócratas: objetivos bien definidos -cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres-, y un amplio menú de opciones para avanzar en el logro de esos objetivos.  

Lo segundo, es que la sociedad venezolana está cada vez más cohesionada alrededor de lo que los tres objetivos significan: la salida inmediata de Nicolás Maduro del poder. Atrás ha quedado la pretensión del gobierno de usar la herramienta del diálogo para ganar tiempo y dividir a la oposición. Están unidos los principales partidos políticos y las organizaciones de la sociedad civil que luchan por la democracia, pero, sobre todo, está unido y firme el pueblo de Venezuela. 

Durante los tres primeros meses de 2019 se ha producido la incorporación de los sectores populares a las protestas. Millones de familias venezolanas, en todo el país, están enfrascadas en la sobrevivencia, al tiempo que salen a la calle a decir, ni un minuto más, que Maduro se vaya. 

Durante años, la oposición al régimen se concentró en los grandes núcleos urbanos del país. Pero eso ha cambiado de forma radical. En regiones como Sucre, Monagas, Bolívar, Anzoátegui, Aragua, Cojedes, Portuguesa, Falcón, Apure, Guárico, Trujillo y Barinas, que fueron bastiones políticos y electorales del régimen, el repudio a Maduro alcanzaba, la primera semana de marzo, promedios entre 85 y 90%. Contra el despropósito gubernamental de aislar a las regiones de la capital, a pesar de las limitaciones, la información está circulando, las redes no cesan de funcionar durante las 24 horas del día. En las redes sociales está ocurriendo una marea: la declaración de personas que, después de casi dos décadas de apego al régimen, públicamente están declarando su arrepentimiento y apoyo a la propuesta encabezada por Juan Guaidó. Incluso, dentro del propio PSUV, el hartazgo cunde: que se vaya de una vez por todas. 

El tercer factor, es que el apoyo de los países a Venezuela se mantiene y crece. Fuera de nuestras fronteras, y de ello puedo dar testimonio, hay un seguimiento diario de lo que ocurre, y una conciencia de que el final está cada vez más cerca y que es necesario activar todos los mecanismos de presión para alcanzar, en muy corto plazo, el fin de la usurpación. Esa disposición no es solo política, limitada a la ayuda humanitaria, sino también se refiere a capacidades logísticas, técnicas, financieras y profesionales. Constituye un estímulo para los demócratas venezolanos constatar la multiplicidad de voluntades que se están organizando para actuar en Venezuela y contribuir a la reconstrucción del país. 

En este marco de cosas, mientras el deterioro se expande y profundiza, y luego del apagón -apagón que tiene la envergadura de una catástrofe-, tal como ha dicho Juan Guaidó, ninguna opción está descartada. La Ley de Amnistía, la jornada del 23 de febrero -que mostró al mundo el talante del régimen, que asesinó a ciudadanos para impedir el ingreso de la ayuda humanitaria-, y los reiterados llamados que el presidente Guaidó ha hecho a los miembros de la Fuerza Armada Nacional, han abierto las puertas a la participación de los uniformados en el deber de restituir la Constitución y el Estado de Derecho. 

Cierto es que hay un deseo muy extendido en la sociedad venezolana de que una fuerza extranjera intervenga en el país y cree las condiciones para comenzar a restituir el funcionamiento del país y la democracia. Pero eso no es posible unilateralmente. Lo que sí es posible, y a eso me refiero a “la próxima etapa” de la que hablo en el título, es a crear, en las condiciones de hoy, un mecanismo de presión, cada vez más poderoso, en todo el país, en forma de asambleas, protestas y acciones en las calles que no cesen hasta que se produzca el final. 

El llamado que ha hecho el presidente Guaidó es inequívoco: los venezolanos debemos protagonizar el fin del régimen. Están dadas las condiciones. Los venezolanos están impacientes y dispuestos a salir a las calles. Los militares están llamados a ponerse del lado de la Constitución. Los gremios profesionales, empresariales y sindicales han entendido que es de ahora es el momento. Los empleados públicos están en pie de lucha. La Iglesia católica ha exigido el fin inmediato de los sufrimientos en contra del pueblo. Las organizaciones que defienden los derechos humanos han reportado la existencia de casi un millar entre detenidos por protestar y presos políticos. Fuera de las fronteras de Venezuela está lista para ingresar al territorio venezolano la ayuda humanitaria. Está todo listo. Están dadas las condiciones. La próxima etapa no es otra que el final del régimen.

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