Ismael Torres

Tribuna Invitada

Por Ismael Torres
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Venta de la AEE: el demonio está en los detalles

La Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), la que una vez fuera la joya de la corona del gobierno, está sumergida en una profunda crisis cuya solución no es nada fácil.

Ante esa situación, el gobernador Ricardo Rosselló anunció el inicio del proceso para privatizarla, luego de ser saqueada por buitres nativos y extranjeros.

Me preocupa la gran aceptación pública que ha tenido la iniciativa del gobernador Rosselló, ya que aparte del desastre en que se ha convertido esa corporación, no veo las virtudes que tiene privatizarla.

No es fácil entender cómo se ha quebrado una corporación pública que es un monopolio que brinda un servicio esencial y que tiene ingresos multimillonarios.

La AEE es una de las corporaciones que creó el gobernador Rexford Tugwell en la década de los cuarenta como parte de los esfuerzos que realizó para reactivar la entonces maltrecha economía de la isla.  Tan exitosa fue la idea que el entonces  gobernador Luis Muñoz Marín no pudo sucumbir a la tentación política y la deformó, al igual que hizo con las otras corporaciones, y la convirtió en una agencia más del gobierno, mal politizada y mal gerenciada.

De aquellos polvos, estos lodos.  Ahora hemos llegamos al límite de su crisis, con un cuadro crítico de mantenimiento y sin acceso a los mercados de capital para reconstruirla y operarla.  

Nadie ha puesto las razones verdaderas por las cuales debemos apoyar la privatización, ya que no hay manera que esa acción no resulte en aumentos en los costos de los servicios, o sea, en la factura.

Antes de apoyar la privatización de esa u otra agencia pública que brinde servicios esenciales debemos asegurarnos que tal acción beneficia al país y al pueblo en general, pues la privatización no es algo que se apoya o se niega por fe.

La abundante información producto de la discusión de ese tema en distintos países donde ha habido privatizaciones nos dice que la privatización está predicada en criterios de mercado y eficiencia tecnológica y que eso, en definitiva, significará tarifas más altas por el servicio porque no hay otra manera en que los inversionistas recuperen su millonaria inversión.

Entre las muchas preocupaciones sobre esta decisión está el tipo de negocio que se haría; qué partes, si alguna, retendrá el gobierno de Puerto Rico (generación, transmisión, distribución, facturación y cobros) y cuántas compañías podrían estar operando en ese negocio.

Hay otros asuntos que son de mucha preocupación, pero los dejaremos para otra ocasión, no sin antes advertirle a los que salieron a apoyar la privatización que ponderen un poco más antes de apoyarla.

Porque a fin de cuentas, los que saben de negocios nos advierten que  “el demonio está en los detalles”.

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