Roberto Prats

Punto de vista

Por Roberto Prats
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Vergüenza en Iowa

Cuando la tecnología le falla a la democracia perdemos todos. Los fallidos caucus demócratas en Iowa pusieron en abierto manifiesto la fiabilidad de la tecnología como espina dorsal de la infraestructura electoral. Pero la verdadera trascendencia del colapso de Iowa se debió a tecnología de un fallido “App” y teléfonos móviles congelados. Ante los ojos de los observadores de los procesos democráticos, Iowa fue una verdadera y colosal vergüenza.

Hay, sin embargo, para quien la quiere aprender, lecciones valiosas cuando miramos el camino que yace al frente y que nos permite rectificar una ruta que nos puede llevar por el mismo camino de Iowa. Me refiero a la mal llamada Reforma Electoral de Puerto Rico que está siendo considerada por la mayoría de nuestra clase política. La misma que busca cambiar la totalidad de las votaciones en Puerto Rico a sistemas basados en tecnología que pudieran exponer nuestro sistema electoral a nuevas y peligrosas vulnerabilidades. Vimos la intromisión de Rusia en las elecciones Presidenciales del 2016 usando tecnología y ahora se asoman nuevos ángulos que requieren que este festivo impulso de migrar las elecciones a plataformas digitales sea mirado con mayor recelo.

Puerto Rico ha tenido un sistema electoral fiable cuya infraestructura humana no es sustituible por “Apps” o sistemas basados en internet. De hecho, no podemos perder de vista que el ejercicio al voto se ciñe a que el ciudadano pueda expresarse sobre quienes le gobiernan y no necesariamente a obligarlo a utilizar un sistema específico en aras de llevar el sello de la modernización.

Los peligros en Puerto Rico son más que evidentes -una infraestructura energética débil con apagones frecuentes; una red inalámbrica de internet subdesarrollada y tecnología que no ha sido probada en sistemas electorales anteriores en otras jurisdicciones. Todavía queda trabajo por hacer antes de dar ese salto exponencial en nuestro sistema electoral. No recomendaría un viaje en un helicóptero manejado por sensores y sin piloto como no recomendaría encaminar al país a un sistema electoral controlado por la nube y que ordene nuestro proceso democrático. 

Apoyo el escrutinio electrónico, las máquinas que sólo leen las papeletas y agilizan el conteo de papeletas en el colegio ante funcionarios electorales, tareas básicas de inscripción y el registro electoral. El error estriba en exponer a la isla al laboratorio de procesos tecnológicos y algoritmos cuando ya tenemos un sistema que produce resultados confiables. 

Así las cosas, el desplome tecnológico-electoral de Iowa levanta nuevamente la duda sobre porque “trastear” con un sistema electoral que funcionaba bien. Seguramente en el estado de Iowa hay muchos diciendo “If it ain’t broke, why fix it?”


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