Luis Rafael Sánchez

Desnudo Frontal

Por Luis Rafael Sánchez
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Verso inolvidable

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Mucho me llama la atención la consigna escrita en la pancarta. Leo en la misma una cuidada amenaza o una advertencia sutil, escrita con la elocuencia y brevedad del verso al que ni le falta ni le sobra. La descubro en una fotografía panorámica que documenta la oposición masiva al proyecto de ley de reforma tributaria. Un proyecto que trae al país puertorriqueño por la calle de la disensión feroz y coloca al gobernador García Padilla contra la pared, a la defensiva y en situación perdidosa. Un proyecto mal calculado y peor presentado ante la sociedad que vendrá obligada a indigestarse con tamaño tostón.

Curiosamente, la pancarta no hace la menor referencia a los dichosos Iva e Ivu. Tampoco la ilustra una caricatura grotesca de los políticos, hoy rechazados como nunca. Tampoco hace referencia a la baraja de opciones de cara a la solución del estatus, ese tema infaltable en cuanto asunto se debate entre nosotros. Un tema que pudre el aire más que envenenarlo pues se nos ha vuelto malestar colectivo. O, como diría el sin par Walter Mercado, que se ha vuelto nuestro karma.

¿Karma? La palabreja hindú significa muchas cosas. Sin embargo, la mayoría de los diccionarios coincide en adjudicarle un significado básico: penitencia acumulada por razón de las cosas mal hechas a lo largo del tiempo y de generación en generación. Conocido su significado básico, ¿extraña que el tema del estatus sea nuestro karma?

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Si se controversia de la dislocación de valores que implica pagar ciento diecinueve millones de dólares por un cuadro de Pablo Picasso mientras la gente se muere de hambre en tres cuartas partes del globo, el interlocutor reacciona con el tema del estatus. Si se habla del parecido siniestro entre los isis y los nazis, el interlocutor reacciona con el tema del estatus. Si se aplauden las victorias del pegaduro Félix Verdejo, el interlocutor reacciona con el tema del estatus. Si se celebra la imaginación libérrima y el análisis sabroso que se despliegan en el libro reciente de Rosa Montero, “La ridícula idea de no volver a verte”, el interlocutor reacciona con el tema del estatus.

3

A pesar de la amenaza velada o advertencia sutil que contiene, la pancarta aludida se incorpora, como cualquier otra, a las que se ondean en la concurrida marcha.

¿La marcha de los empleados públicos? ¿La marcha de los agricultores? ¿La marcha de las uniones obreras? ¿La marcha conjunta de estudiantes de universidades públicas y universidades privadas? ¿La marcha de quienes respaldan los derechos civiles de la varia comunidad gay? ¿La marcha de los desafiliados de los grupos tradicionales de presión que reconocen, sin embargo, la fatal situación del país? No recuerdo.

Fácil resulta olvidar quién marchó y protestó ayer, quién marcha y protesta hoy, quién marchará y protestarámañana. Bien visto todo el mundo protesta o se apresta a protestar. Y cuando digo todo el mundo quiero decir un ejército de personas que, por primera vez, cree imperativo moral hacer sentir su parecer. Un parecer que se aleja, con el paso de los días, del parecer oficial.

4

Leo una cuidada amenaza o una advertencia sutil en la pancarta que tanto me llama la atención. No recicla eslóganes o clichés anteriores a la caída de Adán y Eva, por el estilo de “Patria o muerte”, “Los yankis pal carajo”, “Venceremos”. No se satisface en la prosa prosaica que mucho inflama y poco convence. No le da el visto bueno al insulto. En cambio, reivindica el derecho de tener sueños, el derecho de soñar. “Con mis sueños no se juega” leo en la pancarta y me emociono.

El soñar con salir del hoyo. El soñar con alterar la carta de navegación de una vida que se prevé infructuosa. El soñar con superar los límites forzados por la desigualdad social. El soñar con tener acceso a una educación universitaria que posibilite desafiar el porvenir. ¡Un verso inolvidable acaba pareciendo “Con mis sueños no se juega!”.

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De súbito recuerdo dónde y cuándo se originó la fotografía de la pancarta que hoy me inspira. Fue en la marcha conjunta de estudiantes de universidades públicas y privadas. Los estudiantes exigían que se librara de recortes presupuestarios onerosos a las universidades, lugares donde se ensayan y reformulan, incansablemente, las ricas posibilidades de la condición humana.

Bueno, universidades públicas y privadas en apariencia. Pero, en esencia, fértiles semilleros de sueños a protegerse y exaltarse a como dé lugar y sin que medien las tristes excusas de los inquilinos del poder.

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