Héctor F. Ortiz Vidal

Punto de vista

Por Héctor F. Ortiz Vidal
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Vías para combatir el racismo y discrimen

Soy de la opinión que el racismo y discrimen son pecados de “lesa humanidad”. Eso significa que son pecados contra la humanidad por ser de carácter inhumano. El racismo y el discrimen son incompatibles con el Evangelio de Jesucristo y el reino de Dios. Soy consciente de que, en muchos momentos de la historia, las iglesias cristianas hemos sido cómplices con nuestro silencio o con nuestra inacción, o con nuestra complicidad del pecado del racismo y el discrimen. Pero también es importante señalar que fue un pastor bautista llamado Martin Luther King quien dirigió un poderoso movimiento de derechos civiles en los años 50 y 60 que llevó a miles de cristianos y no cristianos a marchar, resistir y luchar hasta lograr la derogación de las leyes de segregación racial que existían en los Estados Unidos.

No debemos olvidar que, en el año 2008, el pueblo de los Estados Unidos eligió a su primer presidente de la raza negra: Barack Obama. Su elección fue el producto del gigantesco impacto que tuvo en ese país el movimiento a favor de los derechos civiles de los años 50 y 60.

Lamentablemente, la retórica inflamatoria del actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se ha encargado de multiplicar el efecto negativo que tienen el racismo y discrimen en el pueblo estadounidense. El lenguaje humano puede crear o destruir mundos. 

El racismo y discrimen se mantienen vivos, entre otras cosas, por un lenguaje que hace posible una narrativa de supremacía blanca. Ese discurso hay que combatirlo con los lenguajes del Espíritu que fueron derramados en el Aposento Alto el día de Pentecostés. Esos lenguajes nos permiten escuchar y hablar el mensaje del Dios vivo para todos los tiempos. 

A raíz de la muerte de George Floyd, en Minneapolis, hoy, más que nunca, debemos hablar los lenguajes del amor, el perdón, la reconciliación, la paz y la justicia. Hoy, más que nunca, debemos escuchar los lenguajes que la vida nos plantea, los dictados que el corazón nos indica, los quebrantos que todo prójimo nos grita y el llamado que el Dios vivo nos hace.

Pero, el racismo y discrimen no tan solo existen en el gran coloso del norte, también, existen en nuestro Puerto Rico. El racismo y discrimen son pecados estructurales y sistémicos que requieren profundas transformaciones. 

Nuestro Señor y salvador Jesucristo nos enseñó que el camino para combatir el pecado, la injusticia y maldad, es el camino del amor; la no violencia; la resistencia pacífica y desobediencia civil. El movimiento en favor de los derechos civiles que dirigió Martin Luther King Jr. se inspiró en el camino cristiano y modelo de no violencia que le ofreció Mahatma Gandhi en su lucha por la independencia de la India. Es posible que haya llegado el momento de volver a utilizar esas vías para combatir el racismo y discrimen de nuestro tiempo.

Quiero concluir esta columnacon la letra del himno “Nosotros venceremos”. Este fue el cántico de batalla de la lucha a favor de los derechos civiles. En agosto de 1963, la cantante Joan Báez, con solo 23 años, cantó este himno a una multitud de 300,000 personas en el Lincoln Memorial, en Washington, D. C. Esta es su letra:

“Nosotros venceremos, nosotros venceremos, sobre el odio con amor, algún día será, Cristo venció, nosotros venceremos. Y caminaremos la mano en la mano, alzada la frente hacia el amor. Cristo es nuestra luz, Cristo venció, nosotros venceremos. No tenemos miedo, no tenemos miedo, alguien nos espera más allá de los montes y el mar. Cristo venció, nosotros venceremos. Y seremos libres y seremos libres. No tiene cadenas el amor, viviremos en paz. Cristo venció, nosotros venceremos”.

Venceremos. La invitación está abierta para todos. El llamado es a vencer el pecado del racismo y el discrimen; y a construir un mejor mañana para nuestra tierra y humanidad. Que así nos ayude Dios.

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miércoles, 8 de abril de 2020

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