Anairy Díaz Rodríguez

Punto de Vista

Por Anairy Díaz Rodríguez
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Víctimas del silencio: violencia sexual intrafamiliar

La familia es el modelo principal en el proceso de socialización. Nos acompaña a conocer el mundo, nos enseña valores, normas sociales y cómo relacionarnos con los demás. Es fuente de protección, amor y confianza. Durante la infancia y adolescencia, al sentirnos en riesgo recurrimos a las figuras de apoyo que nos proporcionan seguridad: madres, padres, abuelos, tíos y otros familiares cercanos. A muchos niños y adolescentes, esa proyección de seguridad les es arrebatada por la violencia sexual intrafamiliar. 

La violencia sexual en la familia, ya sea a través de actos de índole sexual, comentarios o insinuaciones, constituye un proceso traumático para las víctimas. Estas, en su mayoría féminas, quedan desprotegidas ante la persona agresora, quien violenta la confianza, destruye vínculos afectivos y las fuerza al silencio. Para muchas de estas niñas y jóvenes, desde su perspectiva, pedir ayuda no es una opción.

El voto de silencio que asumen las víctimas perpetúa la violencia, a veces por años. Algunas deciden callar, ya que asumen que es el silencio la única forma de proteger su familia. Las jóvenes abusadas también recurren al silencio porque entienden que nadie les va a creer y están convencidas de que tienen algún grado de complicidad y responsabilidad en la situación. Temen causarles vergüenza o provocar el rechazo de sus familiares. En sus relatos, confirman creer que de alguna forma provocaron, permitieron o apoyaron el abuso sexual. El sentimiento de culpa las acompaña a lo largo de su desarrollo social y emocional, provocando malestar y tristeza constante. Describen un sentimiento de vacío y desesperanza que les dificulta establecer relaciones interpersonales y en ocasiones las impulsa a asumir conductas de riesgo relacionadas al uso de alcohol y drogas. También suelen desarrollar concepciones distorsionadas sobre la sexualidad y hasta considerar el suicidio como la opción disponible para escapar de la realidad que les atormenta. 

En su gran mayoría, las víctimas mantienen en secreto el abuso sexual hasta llegar a la adultez. Se distancian de su familia porque no quieren tener contacto con la parte agresora. En esta etapa, las secuelas emocionales limitan su calidad de vida. La baja autoestima, la inseguridad, la desconfianza, los síntomas de depresión y ansiedad no les permiten establecer relaciones saludables. Presentan dificultad para tomar decisiones, afectando también su desarrollo académico y profesional. Se sienten perdidas, incapaces de lograr sus metas o tener éxito. Sin embargo, algunas recurren a solicitar ayuda psicológica por sus síntomas y encuentran un espacio seguro donde, después de mucho tiempo, su voz es escuchada. 

En el Centro de Apoyo para Víctimas del Crimen adscrito a la Universidad Interamericana, Recinto Metropolitano, ofrecemos servicios interdisciplinarios a sobrevivientes de abuso sexual intrafamiliar. Estos servicios incluyen apoyo social, manejo de caso, enfermería, servicios psicológicos, consejería y orientación legal. Si en algo coinciden nuestras participantes es que el silencio no es la solución. En CAVIC podemos y queremos escucharte. 

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