José Martínez

Tribuna Invitada

Por José Martínez
💬 0

Víctoria Espinosa: ejemplo de disciplina y lucha

Cuando comencé mis estudios en el Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico, tenía la intención de estudiar para ser actor porque ya había trabajado en varias obras en mi pueblo Guánica, con la maestra de teatro Teresita Siurano.

Un día pasé por el Teatro de la Universidad de Puerto Rico. Se anunciaba la audición para el estreno mundial de El público, una obra de Federico García Lorca, dirigida por la profesora Victoria Espinosa. Qué bueno, pensé, una obra de un autor que ya conozco. Y es que en la escuela intermedia había trabajado en el papel de un niño en La zapatera prodigiosa, de Lorca. El día de la audición conocí a Victoria, una mujer sencilla, humilde y encantadora. Cuando me entrevistó, me preguntó si yo bailaba y le dije que sí, que pertenecía a la compañía de baile del coreógrafo Junito Betancourt. A ella le fascinó el dato y me dijo: “Tengo dos personajes en la obra que se tienen que mover en escena casi bailando”. Así fui seleccionado para el papel de Pastor 1.

Cuando comenzaron los ensayos había muchas cosas que no entendíamos. Entonces Vicky nos explicó que el propio Lorca había dicho que esta obra no se podía representar y que ese era un reto para ella como directora teatral. Con el tiempo aprendí que para ella no había nada imposible. Durante los ensayos aprendí también que no había hora de salida. Si ocurría un error, Vicky decía Empezamos la obra desde arriba, así que nos quedábamos para largo perfeccionándolo todo. Aprendí también que el actor no se enferma, se muere, que no podíamos faltar a los ensayos y menos faltar a una función, que el escenario es un templo, y que “si tú no sabes actuar es mejor que no te pares en ese atrio porque es una falta de respeto al actor, al autor y al público”. ¡Qué disciplina exigía!

Después que me gradué de la universidad llegué a trabajar en el programa de Fomento Teatral del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) como ayudante del actor Raúl B. Carbonell. Con un cambio de gobierno entra la doctora Espinosa como directora y yo sería su ayudante. Al principio de su administración comenzamos a recibir muchos actores, actrices y productores planteando las dificultades que tenían para producir teatro. Eran tantas las ideas para mejorar la situación que Vicky, como le decíamos de cariño, decidió hacer una asamblea de teatristas en el Centro de Bellas Artes de Santurce. De esa asamblea se concluyó que no podíamos atender a los actores y productores con una sola organización, había que hacer dos: una para los actores y otra que atendiera los productores. De aquí nació el Colegio de Actores de Teatro de Puerto Rico y la Asociación de productores.

Otra lucha que libró Victoria fue la adquisición de los teatros Matienzo y Music Hall. Cuando se enteró de que querían derribarlos para construir un estacionamiento dijo: “Esto no puede ser”. Se dirigió a la Cámara de Representantes, donde habló con su presidente entonces, José Ronaldo Jarabo. Lo convenció de que había que adquirirlos y restaurarlos. Así que logró que el gobierno, a través de un proyecto de ley, los adquiriera. Después que renunció al ICP no se logró la apertura.

Cuando asumí la dirección de Fomento Teatral, la nombré a un comité para la restauración de los citados teatros. Fue una lucha ardua que dio la clase teatral por diez años, con ella a la cabeza. Bajo la administración del gobernador Pedro Rosselló se asignaron los fondos. Ambos proyectos fueron sometidos por la actriz y representante Iris Miriam Ruiz. Así, por fin, alcanzó a ver y a usar como directora, el Teatro Matienzo, convertido en Teatro Francisco Arriví y el Music Hall como Teatro Experimental Victoria Espinosa, donde dirigió y participó como actriz.

Vicky, no podemos darnos por vencidos. La lucha continúa.

Otras columnas de José Martínez

💬Ver 0 comentarios