Ariel Orama López

Buscapié

Por Ariel Orama López
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Violencia familiar

Novelas turcas, musicales de madres idealizadas y una que otra realidad isleña. Las pupilas, atentas al desenlace, se preparan para juzgar a la progenitora e idealizar a la “maestra” de la popular serie producida en Turquía. Pase lo que pase, quien haga las veces de “madre” y la que haga las veces de “maléfica", ambas, quedarán recordadas por su última línea. Por su “leitmotiv”. Por la última bocanada del fin de las escenas.

Pero así, se repiten novelas tras novelas, teleseries tras teleseries: y nada aprendemos. O lo aprendemos todo. Surgen numerales (#’s) sobre no al maltrato, mientas se siguen cociendo historias de terror a la vuelta de la esquina. Litigantes continúan destruyendo matrimonios por tecnicismos y pensando en cualquier cosa menos en el bienestar del menor. Y lo mismo le aplica al psicólogo, al trabajador social o a cualquiera que parta desde el miedo o la inmovilización: o que piense que esta situación es una bobada de telerrealidad o de ciencia ficción.

Mientras le escribo un mensaje privado al director de Dominirriqueños II y le sugiero par de ideas de un "personaje-cantante" para su proyecto, pienso: ¿cuánta televisión -o cine- necesitamos para entender que el maltrato sigue siendo el plato preferido de nuestras familias, a veces, hasta de forma matizada y con el pop corn en mano? ¿Cuántos expertos en sonido son necesarios para entender que los decibeles de la televisión y del cine no deben corresponder a la realidad, en una conversación con un hijo o sobrino sobre asuntos delicados?

Si vemos novelas turcas o no, no es el punto para justificar —o erradicar— la violencia. Me preocupa más el discurso hiriente de un familiar prejuiciado o las ambiciones exageradas de una madre o un padre hacia su linaje, que el acento neutro, doblaje o cualquier nimiedad de los proyectos foráneos.

¿No quieres más violencia intrafamiliar? Escúchate. ¿No quieres que se perpetúen los por cientos y las noticias nefastas de horario “prime time”? No las provoques.

Apártate de la violencia en el hogar.

No todo es culpa de la maestra Zeynep ni atributo de “Mamma mía”.


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