Antonio García Padilla

Punto de Vista

Por Antonio García Padilla
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Visiones emergentes en el trabajo postpandemia

La reclusión casera provocada por la epidemia cristaliza muchas ideas latentes sobre el trabajo desde el hogar. Zoom, Team, Moodle, Meet, han entrado en solo semanas a la cotidianidad de la casa de muchos. Reuniones, clases, citas, discusiones, intercambios, se desplazaron de pronto a la plataforma virtual.

Se agrieta el paradigma binario, heredado de la vida agrícola e industrial, que segrega los espacios de ocio y de trabajo. Se debilitan las demarcaciones tradicionales que asignaban a la oficina los soportes para el trabajo y al hogar las condiciones para el descanso, con notables oportunidades para quienes no pueden o no quieren salir del hogar. Las últimas semanas nos enfrentan a diferentes imaginarios. Se dice que ya hoy día muchas operaciones de servicio podrían reducir significativamente sus espacios de trabajo, si sus empleados trabajaran desde el hogar, y todo con igual o mayor eficiencia productiva. Es preciso analizar los fascinantes ángulos de esta progresión en ciernes.

En algunos sentidos las emergentes visiones no son tan nuevas para nosotros. Antes hemos jugado con ellas. En el siglo pasado, la industria de la aguja se orientó por esos caminos. La costura por tareas llevó el taller a las casas y permitió la incorporación de la mujer a la producción en ese sector sin que tuviera que abandonar el hogar. Algunas de las interrogantes que ya surgían entonces reaparecen nutridas de las experiencias e idearios del siglo que ha transcurrido. En el fondo, está la recalibración de los equilibrios que hoy definen ciertas lógicas de la producción en los servicios y en las tecnologías.

En el tapete se colocan ajustes al engranaje económico. De entrada, se avistan anticipables consecuencias para las industrias que sirven al trabajo convencional (transportes, comidas); o para las que producen los espacios de labor (constructoras e inmobiliarias). Pero la evolución avistada va más allá. Toca aspectos importantes de la relación laboral en sí, según hoy definida.

Resaltan los más evidentes, aunque hay otros menos visibles y más complejos. Por ejemplo, ¿con qué soportes tecnológicos se concibe el trabajo desde el hogar? ¿Serán esos soportes provistos por la empresa o correrán por cuenta del empleado? ¿Y la energía y la conectividad necesaria para operarlos? ¿Qué tal el valor del uso de los espacios del hogar dedicados al trabajo; será compensado? ¿Habrá algo que decir sobre la seguridad y las condiciones de salud hogareñas en las que se desempeñen las labores? Y los accidentes, ¿estarán cubiertos por los seguros laborales?

El mundo se enfrenta a muchas interrogantes como estas. Puerto Rico debe prestarles atención al punto que reconstruye su economía. Las respuestas no deben relegarse todas a la sola interacción de patrono y empleado. Es ineludible abordar el interés público presente. Los viejos esquemas atienden parcialmente, si acaso, las nuevas realidades. La coyuntura nos da la oportunidad de innovar en eficiencias, de tomar la delantera, de marcar el paso, de impulsar mejores equilibrios, mejor civilización.

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