Gustavo Vélez

Tribuna Invitada

Por Gustavo Vélez
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Viviendo en la “chatarra”

Dedico esta columna a los dos partidos políticos que nos han dado cátedra de cómo vivir en la chatarra.

El pasado 4 de febrero se cumplieron cuatro años de la degradación del crédito de Puerto Rico a la categoría de “chatarra” por parte de las casas acreditadoras de Estados Unidos. Este fatídico aniversario pasó desapercibido para la gran mayoría de los puertorriqueños, que poco a poco nos hemos ido acostumbrando a vivir en una isla en quiebra y en condiciones de “chatarra”. 

La apatía hacia los temas importantes tiene una explicación. Además de que la mitad de la población aún vive en condiciones de supervivencia, por no tener restaurado el servicio de energía, otros viven atrapados en la vorágine de los chismes político-mediáticos del momento.

La sustancia y la esencia de lo que debería ser la discusión pública, en un momento tan trascendental como el presente, mueren acribilladas en la “guerra civil” cotidiana de la partidocracia que rige nuestros destinos como pueblo.

El 4 de febrero de 2014, las tres principales firmas de Wall Street que analizan la salud crediticia de gobiernos y empresas, en todo el mundo, le “apagaron la luz” al gobierno de Puerto Rico y declararon que nuestro crédito no era aceptable para seguir tomando prestado. 

Así cerramos un largo ciclo de malas prácticas fiscales que llevaron a diferentes gobiernos recientes a elevar la deuda pública a $70,000 millones, y en el camino, a quebrar los sistemas de pensiones, e instituciones históricas como el Banco Gubernamental de Fomento, la Autoridad de Energía Eléctrica y la Universidad de Puerto Rico.

Los optimistas e idealistas como yo, pensamos que ese evento sería un punto de inflexión en nuestra historia reciente, y que por fin la clase política caminaría hacia la convergencia necesaria para habilitar el pacto social que nos saque del caos y el desorden.  Nada más lejos de la verdad. La agudización de la crisis solo ha sacado el lado más oscuro de las dos fuerzas políticas al frente del timón de la isla en medio de la tormenta.

Diversos teóricos políticos y sociólogos dicen que los pueblos tienen la capacidad de adaptarse a las peores condiciones, e incluso aceptar la mediocridad como estilo de vida, y eso lamentablemente parece ocurrir en Puerto Rico.  

Cuatro años después de haber sido degradado nuestro crédito, y un año y medio luego de haber sido aprobada la Ley Promesa y una Junta de Supervisión Fiscal (2016), las cosas siguen igual. El gobierno actual se resiste a implementar las reformas estructurales indispensables para reactivar la economía y alcanzar estabilidad fiscal.  Y es obvio que la reelección parece ser más importante que la próxima generación.

Peor aún, la llegada de miles de millones en fondos federales para la reconstrucción luego del huracán, crean ahora un falso sentido de comodidad a nivel de la clase política como del sector privado.  Parece ser más fácil perpetuar la dependencia en los fondos federales, que crear un verdadero plan de desarrollo económico.

Igualmente, el gobierno se resiste en habilitar un Plan Fiscal que cumpla con Promesa, y ha preferido la ruta de los pleitos con los acreedores, lo que impedirá acceder a los mercados de capital.  Mientras tanto, nuestra reputación global ante la comunidad de negocios parece hundirse con mayor rapidez que nunca.

Es sorprendente que luego de la bancarrota económica y de la devastación física provocada por el huracán María el modelo de negocios de la partidocracia aspire a continuar intacto. Es decir, resulta inverosímil que persistan las mismas guerras estériles, la no urgencia para reformar las instituciones y el encapsulamiento en el partidismo como modelo de gobernanza. 

Resulta vergonzoso, pero parece que, dentro del marco de la quiebra, la ausencia de valentía y voluntad de la clase política y los demás sectores del país, dejaremos en manos de la jueza federal que supervisa el proceso de quiebra, la construcción de nuestro futuro como pueblo.

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