Juan Negrón Ocasio

Desde la diáspora

Por Juan Negrón Ocasio
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Viviendo tiempos de caos

La información diaria es que el caos ha abrumado a Puerto Rico. La población se siente impotente ante innumerables estragos dejados por el ciclón apocalíptico. Las ruinas nos estremecen. Para los vulnerables la llegada de sustentos es parsimoniosa. El sistema de manejo de emergencias usa la misma burocracia rutinaria. Se justifica con que es el peor huracán en nuestra historia. Es lógico. Nunca hemos vivido adversidades de otros tiempos. Nuestra realidad y condiciones son distintas. Los seres humanos sufren vivencias y olvidan. Antes no existían los avances tecnológicos del presente. No había aviso ni construcciones modernas. La documentación que tenemos está limitada a prontuarios, al parecer, ignorada.

Será verdad que el huracán María ha sido el más potente en nuestra historia. Tanteó la fortaleza de la infraestructura. Dudo de la fortaleza de la infraestructura y del argumento de lentitud que escuda el gobierno. María fue recia, indudable, pero enfrentó también a la inepcia, a la falta de preparación, a la impotencia de cómo proceder ante un fenómeno fatídico. El desastre dejado en Puerto Rico por el huracán María es testimonio del desorden de un país tronchado.

Analicemos. Hace un siglo no había un sistema de advertencia de ciclones. La advertencia era la sabiduría que se tenía de los acontecimientos que sucedían en épocas. Los cultivos tenían tiempos de zafra. La agricultura surtía la economía y resolvía para suplementar la construcción de la infraestructura, carreteras, fuentes de servicio, escuelas y las edificaciones de inmuebles para la población. Se construían con el propósito práctico de una isla para la protección y seguridad de la población. No existían aparatos de tecnología, celulares ni teléfonos, televisión ni ondas para comunicarse con el mundo exterior, Internet ni redes sociales. No existía transportación efectiva y eficaz, maquinaria para reconstruir ni materiales disponibles de las que tenemos hoy. Básicamente se dependía de la producción para traer lo que no se producía y se exportaban productos a raíz del mercadeo. El capital isleño era utilizado en comercialización internacional. Se trabajaba, se consumía del cultivo y de la producción manufacturera. Lo que no podía hacerse aquí se importaba de otros países. Algunas fuentes de valor eran el café, la caña y el ron.

Los tiempos han cambiado, pero no los fenómenos naturales. Han pasado innumerables ciclones devastadores que están en los prontuarios que nadie lee. Fatalidades humanas documentadas son: San Ciriaco (1899) 3,369; San Felipe II (1928) 300; Hugo (1989) 50; San Ciprián (1932) 257 y 4,820 heridos; Georges (1998) 5 y cruzó por el centro de la isla. Todos aniquilaron cultivos, destruyeron viviendas y la infraestructura. Aunque fueron catastróficos, no se menciona nada de ciclón alguno que paralizó al país por completo como lo hizo María (2017). ¿Cómo es posible? Habría que reconsiderar pronto la política de servicio público y quienes toman decisiones que han quebrantado al país.

La gravedad es mucho más recia de lo imaginable. El trabajo era una obligación y se llegaba a caballo o a pie. Nadie hoy monta a caballo ni camina a pie. Numerosas personas con demasiados carros y escasea la devoción al trabajo. La mayoría de la población era diestra en diferentes facetas y en múltiples modos de supervivencia. La agricultura no faltaba. Todos tenían algún conuco en la propiedad, cría de animales, venta y el intercambio era imprescindible. Los códigos para construcciones de viviendas eran la permanencia eterna y resistencia a tempestades. Hoy edifican casas para la quietud del tiempo, una llovizna las inunda y una brisa tropical envía planchas de cinc a emigrar a otra isla del Caribe. Gran parte de la última generación no sabe lo que es un martillo. ¡Para qué mencionar una coa o un perillo! Una parcela no requiere regadío ni laboreo. Pero prefieren intoxicarse con grasa saturada en restaurantes. Toda esta aseveración incluye a políticos que se esfumaron mostrando lo poco que pueden aportar en estos momentos de crisis. Las noticias los revivirán en primera plana junto al presidente Trump.

Puerto Rico está en condiciones de salud enclenque y requiere intervención quirúrgica. Un trasplante de médula ósea urgente del sistema. Está achacoso y endeudado. El país hoy es como un enfermo, le inyectarán una transfusión de sangre, pero cuando salga del hospital tendrá que trabajar y cumplir con obligaciones. La enfermedad no lo exonera de compromisos. Después de pasada esta horrible odisea se esperan enormes retos económicos, sociales y políticos en los que tendrán que tomarse obligatoriamente decisiones difíciles, si no deseamos que sorprenda algo más atrófico.

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