Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
💬 0

Vivir al pie del volcán

Hubo una vez en que María no era María, sino un “sistema” que se formaba por las costas de África, una mancha, minúscula, en el infinito Atlántico, de por allá de donde antes vino la semilla de la bomba, la plena y el guagancó y hoy nos llegan desgracias atmosféricas. Al principio no le prestamos mucha atención, porque recién salíamos del trance de Irma, que nos había rozado y hecho sentir, por primera vez en varios años, el horrible aliento de un huracán.

Irma, que pasó a unas 100 millas al noreste de la isla el 6 de septiembre, destruyó unas 30 casas en Culebra y unas cuantas decenas más en Loíza. También obligó a unos 6,000 a buscar refugio y dejó sin agua a 77,000 y sin luz a un millón. Pero, cuando se toma en consideración lo que pudo haber sido, pues ese aparato de Irma sí que era grande y feroz, nos sentimos, una vez más, la isla bendecida de los cuentos de nuestros abuelos.

Nos desbordamos todos en elogios al gobernador Ricardo Rosselló, quien dio la impresión de que había pasado con buenas notas su primer encuentro con un fenómeno natural de los que son rutinarios por estas latitudes. Se le vio serio, en control, dando la información precisa, sin alarmar. Hubo un consenso, lo que se puede llamar consenso en Puerto Rico, de que el gobernador había lucido bien durante la emergencia.

No teníamos manera de imaginar que todo fue lo que en buen boricua se llama pintura y capota. Estábamos ante una “fachada de cartón con casas fingidas de ladrillos rojos” como la que imaginó el gran Gabriel García Márquez en ‘Muerte constante más allá del amor’.

Detrás de las conferencias de prensa, de las fotografiadas visitas a comunidades afectadas, de los hashtags, hasta de los amagues de conciertos benéficos, no había mucho.

Un fenómeno cien veces más destructivo que Irma se dirigía a nosotros. Avanzaba con tropel de rumiantes sobre la ardiente superficie del Atlántico. Comía calor, rugía, bramaba y adquiría fuerza de asesino. Era María, que nos había puesto en su mirilla, que venía a partir la isla por el mismo medio como con un sable bien afilado. Era nuestra peor pesadilla en forma de viento y agua que venía a ponernos la bota en el pecho. Y nosotros la esperábamos desnudos, aletargados y a la intemperie.

Esta semana, la Universidad George Washington (GWU) publicó su anticipado informe sobre las muertes del huracán María.

Estableció que entre septiembre de 2017 y febrero de este año, murieron en Puerto Rico 2,975 personas más de las que habían muerto en promedio en los mismos meses desde el 2000. Se pretende que esa cifra se entienda como la cantidad oficial de muertes como consecuencia directa o indirecta de María.

Saber cuántos murieron a consecuencia de María tiene que ser de esa manera, a base de estimados, porque el gobierno no supo contarlos cuando las muertes ocurrieron.

No se contaron como tenía que ser porque la persona a la que el gobernador Rosselló le dio tan grave tarea, el secretario de Seguridad Pública, Héctor Pesquera, no tenía ninguna experiencia en eso de manejar desastres naturales, ni mucho menos en saber qué muerte podría considerarse asociada a ello.

Mas esto de los muertos era algo que ya sabíamos y no fue sorpresa. Varios análisis anteriores habían establecido que murieron muchos más de los 64 que todavía esta semana Pesquera seguía considerando “confirmados”.

Lo que de verdad es escandaloso, lo que tendría que esta semana haber causado un profundo estremecimiento en la institucionalidad en Puerto Rico, si tal cosa, la institucionalidad, existiera aquí, son las otras revelaciones que hace el informe de la GWU, que fue pago por el gobierno boricua y llevado a cabo por académicos de esa universidad, a los que, por lo tanto, no se les puede atribuir ningún ánimo politiquero, como se suele argumentar en Puerto Rico cada vez que alguien dice algo mal de alguien.

Los investigadores determinaron, entre otras cosas, que María nos sorprendió sin ningún plan de comunicaciones para situaciones de emergencia; que el plan de manejo de emergencias del Departamento de Salud estaba obsoleto y que encima de eso no servía para un huracán más potente de categoría uno; que el gobierno no tenía ningún plan en caso de que fallaran las comunicaciones regulares; que los comunicadores del gobierno no tenían entrenamiento para manejar situaciones de emergencia y que había más personal dedicado a atender a la prensa que a comunicar riesgos de seguridad a la población.

El informe dice que cuando se creó el Departamento de Seguridad Pública en abril del 2017 no se actualizaron ni integraron los planes de emergencia de cada uno de los componentes del nuevo organismo, lo cual, según el informe, provocó un caos de falta de claridad y ausencia de comunicaciones cuando María golpeó a Puerto Rico.

En una entrevista en la estación Radio Isla el jueves, Abner Gómez, quien era el director del Negociado de Manejo de Emergencias cuando azotó María, pero que fue enviado de vacaciones forzosas por Pesquera en medio de la emergencia, dijo que FEMA no sabía ni quién mandaba en esa agencia, de grande que era el enredo ahí.

Como resultado de todas estas fallas es que no se sabía ni qué hora era en los días y semanas después del huracán. Como consecuencia de ese caos, la resaca del fenómeno fue peor de lo que tenía que haber sido.

Atribuirles muertes a estas fallas puede ser arrojado, pero no descabellado. Vivimos en la ruta de los huracanes. Tarde o temprano, llegan. Y las personas a las que les encargamos el país no parece que hubieran dedicado ni un minuto a asegurarse de que teníamos la preparación mínima para enfrentarlo.

Se ha abusado de la excusa de que “nadie estaba preparado para un huracán de esta potencia”. Falso. El informe de GWU revela que no estábamos preparados ni un para un evento categoría 2.

María, sí, fue un huracán tremendamente destructivo, el peor de los últimos cien años. Pero no fue un huracán sobrenatural. Fue un fenómeno cuya potencia se conocía y había sido estudiada. En una isla que recibe varias amenazas de huracán cada año y que en los últimos 30 años ha sufrido grandes catástrofes por tres de estos fenómenos es temerario, negligente y quizás más que cada plan no sea examinado y actualizado cada año, como lo sería, para los que viven al pie de un volcán, no saber qué hacer si el volcán hace erupción.

El gobernador Rosselló reaccionó al informe con la dramática revelación de que él no es perfecto y es ahora, cuando llevamos ya tres meses en temporada de huracanes, a solo días de la etapa más crítica de este tiempo, que ordena crear una comisión para que implante las recomendaciones de la GWU.

Mas no se plantea tomar acciones contra los funcionarios que pusieron a Puerto Rico en la peligrosa posición de enfrentar a una bestia como María sin planes actualizados, entre estos Pesquera, quien últimamente va de crisis en crisis, o el secretario de Salud, Rafael Rodríguez, quien no ha dado muestras de entender la magnitud de las fallas que cometió en ese proceso.

En un país que se respetara a sí mismo, a sus instituciones y a su gente, habría ya investigaciones en marcha para fijar responsabilidades por todo lo que no se hizo, o se hizo mal durante la peor emergencia que hemos vivido en generaciones, por lo que eso puede habernos costado en vidas y en dolor.

Pero nada de eso pasará. Seguiremos pasándonos la mano con la cantaleta de “nadie puede prepararse para un huracán así”. Solo nos queda orar, a los que crean en orar, para que volvamos a ser la “isla bendita” que una vez nos hicieron creer que éramos, al menos en lo que alguien entiende que si se vive al pie de un volcán, hay que prepararse por si de casualidad hay erupción de ese volcán.

Otras columnas de Benjamín Torres Gotay

sábado, 8 de diciembre de 2018

Una pesadilla

El veterano periodista Benjamín Torres Gotay analiza las peligrosas implicaciones y complicidades que quedaron expuestas con el caso legal contra la secretaria de Justicia, Wanda Vázquez

domingo, 2 de diciembre de 2018

No lloren por Wanda

Casi nadie ha derramado lágrimas por el trance que atraviesa la secretaria de Justicia, Wanda Vázquez, quien, dentro de días, puede pasar de ser la principal funcionaria de ley y orden del ELA, a una acusada más, con fianza y foto de fichaje incluidos.

lunes, 26 de noviembre de 2018

La indiferencia y la complicidad

El periodista Benjamín Torres Gotay analiza la respuesta gubernamental al reclamo legítimo de la Colectiva Feminista en Construcción y expone que todo acto de violencia machista es una afirmación de la barbarie, del poder de siglos que la cultura, la educación, la religión han dicho a los hombres que tienen sobre la mujer

domingo, 25 de noviembre de 2018

Vientos y tempestades

A la centenaria lucha por la estadidad puede describírsele como un velero que, si no hay viento, se detiene y se hunde. Contratiempos recientes la hicieron quedarse sin viento y meterse en tempestades y ahí están el gobernador Ricardo Rosselló, la comisionada residente Jenniffer González, y otros, soplando desesperados para tratar de mantener la ilusión de que sigue en movimiento.

💬Ver 0 comentarios