José Curet

Tribuna Invitada

Por José Curet
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“Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno”, comienza el viejo tango de Gardel. Y así también en estos días comencé a entonar el tango ante ese cuadro de una proyectada Junta de Restructuración Fiscal que el Congreso quiere imponernos.

Frente a esa incertidumbre colectiva, decidí sumergirme en el pasado, buscando pistas para entender algo de nuestro presente. Aunque lejano, aquel siglo diecinueve también sigue siendo, al decir del poeta, “muy antiguo y muy moderno, del Hugo fuerte…y una sed de ansias infinitas”.

Precisamente preparaba mis clases de historia de Puerto Rico en estos días. Discutíamos las últimas décadas del siglo diecinueve. Vale recordar que allí nacieron nuestros primeros partidos políticos, así como sus luchas internas y nuestros reclamos, como hoy día, frente a la metrópolis.

Cuál no sería mi sorpresa al toparme con un artículo periodístico, que parecía salido de nuestros días, pero era de 1887, firmado por de Manuel Fernández Juncos, ante la llegada del gobernador Palacio.

“Debido a los graves desaciertos de sus antecesores-lee el artículo-(todos pusieron sus manos pecadoras en la funesta obra de ruina del país) hállase éste en la actualidad llegando a los linderos de la bancarrota; desastrosamente administrado, viciadas y corrompidas las instituciones populares por la inmoral y perturbadora influencia del caciquismo…los intereses de los municipios en manos de funcionarios… ineptos en su mayoría, muchos de los cuales sirven únicamente los intereses y caprichos del santón a quien deben su destino… (con) el insoportable peso de contribuciones tan excesivas como caprichosamente impuestas, puede asegurarse, que va llegando Puerto Rico a los últimos grados del desorden administrativo.”

Otros líderes también afirmaron entonces: “somos una región que aspira a sacar a flote sus intereses de la crisis por que atraviesa”.

Pero todas aquellas expresiones conciliadoras cambiarían de tono e intensidad al desatarse una de aquellas crisis cíclicas del capitalismo de entonces. Al no haber bancos en la Isla todavía, eran las casas comerciales - en manos de capital español - quienes regulaban tanto el crédito como el comercio al detal. En aquel mismo año, ante la frustración de nuestros reclamos en las Cortes, nuestro primer partido político, Liberal, se escindió proclamándose abiertamente Autonomista. Surgió también entonces un movimiento llamando al “boicot” de comercios españoles en la Isla; unas “sociedades secretas” se atribuyeron la quema de algunos comercios.

Al calor de esos eventos, surgieron aquellos infames “compontes”, arrestos y torturas, de las cuales no se libró el liderato autonomista. A Muñoz Rivera, entonces joven poeta y periodista, lo clasificaron en un expediente reservado como, “sospechoso, de ideales perversos, bastante travieso y sin respeto alguno a las autoridades”.

Pasada aquella crisis, volverían a dividirse nuevamente los líderes autonomistas. Haciendo un “paréntesis” a sus ideales, Muñoz Rivera trabó un acuerdo con un partido dinástico de la metrópoli, y así el autonomismo puertorriqueño perdía su sello local, convirtiéndose en filial del partido de Sagasta. Disgustado, el joven doctor Barbosa rompió filas enarbolando aquella famosa frase, “me llevo la bandera del autonomismo”. De esa manera se inauguró poco antes de 1898, nuestro primer gobierno autonómico, donde Muñoz ocuparía la secretaría de Gracia y Justicia.

Quien lea hoy el relato de aquellas luchas internas entre los líderes locales, pero observe a su vez el otro cuadro mayor de las presiones internacionales por parte de Estados Unidos sobre España por mantener vigente aún un régimen colonial en Cuba y Puerto Rico, podrá percatarse de una aparente realidad. La presión internacional tuvo más peso a la hora de conceder reformas a la Isla, que el reclamo de nuestros líderes. Pero tras la invasión del 98 volverían escucharse nuestros reclamos a la nueva metrópolis.

No en balde Muñoz escribió entonces su poema Sísifo, aquel gigante a quien Plutón ordenó, “marcharás al punto/ sobre tus hombros echará la mole/ y no descansará hasta fijarla sólida y firme en la escarpada cima” para verla luego caer y volver a levantarla.

Y hoy, cuando en algunos de esos borradores de la proyectada Junta de Restructuración se discute imponer leyes contrarias a nuestra constitución, pretendiendo sancionar a quienes no las acaten, tal parecería estar dando marcha atrás a los tiempos de Ley Foraker. Entonces el único cuerpo electivo, la Cámara de Delegados, enfrentaba el triple veto de las autoridades federales.

Toda esa historia quizá pueda darnos hoy algunas claves para imaginar un probable desenlace futuro. Así como en tiempos de España la autonomía llegó tras luchas, tanto internas como internacionales; así también a mediados del siglo mediante luchas y presiones en distintos frentes llegaron cambios, aunque cosméticos como sabemos hoy, pero cambios al fin. El nombre Estado Libre Asociado, por ejemplo, había sido propuesto en el Congreso tres décadas antes de 1952. Pero fue luego del despliegue nacionalista entonces, como nos recuerda Ivonne Acosta en La Mordaza, cuando se activó el interés por darle ese “estatus” a la Isla.

Y ahora, ante esta nueva incertidumbre que hoy nos arropa, quizá nuestros reclamos levanten un eco centenario frente a esa muralla del Congreso, entonando entre tanto, “guardo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón”, del tango Volver.

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lunes, 3 de septiembre de 2018

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