José R. Acarón

Tribuna Invitada

Por José R. Acarón
💬 0

Vulnerables los adultos mayores

Si algo aprendimos con el huracán María es nuestra vulnerabilidad ante la naturaleza y cómo esta puede impactar nuestra seguridad y estilo de vida.

María nos cambió la vida. ¿Y ahora qué? Tenemos muchas lecciones que aprender: que se nos había olvidado que vivimos en el trópico, que no somos una potencia mundial como tal vez creíamos, y que somos un país que envejece a pasos agigantados con más de 1.2 millones de puertorriqueños mayores de 50 años.

Este huracán destapó una realidad que preferimos ignorar, y es que todos somos vulnerables ante el embate. No obstante, no olvidemos que en el caso de las personas con condiciones de salud y los adultos mayores, aún siendo independientes y productivos, un huracán les empuja más allá de la vulnerabilidad llegando a la peligrosidad.

Descubrimos por fin que, más allá de los hogares de cuido donde solo vive el 2% de los adultos mayores con vulnerabilidad y en las égidas, todos los condominios, las urbanizaciones y las calles de la isla están repletas de personas mayores. Son personas integradas en nuestra comunidad, participando en mayor y menor grado del crecimiento económico y desarrollo social.

Lo que sí se destapó es nuestra realidad no atendida y la conciencia de ser un país donde el 37% de la población tiene 50 años o más y en vertiginoso crecimiento. Solo faltaba escuchar la radio después del huracán donde se oían a cada hora las situaciones de las personas mayores, y de sus hijos en la diáspora queriendo conocer su paradero y bienestar.

Entre las dolorosas lecciones aprendidas como resultado de la catástrofe que cambió el rumbo del país y podría ser para bien, redescubrimos que no existe un plan estratégico, ni el conocimiento que se necesita para atender una demografía como la nuestra. No porque no podamos sino porque nos negamos a mirarla de frente y atenderla, tanto desde el sector público como desde el privado, y en menor grado desde el comunitario que vive su realidad. Para atender esta demografía son urgentes estrategias concretas para atender las necesidades de los adultos mayores en su vida cotidiana y como activo social, así como ante una crisis de esta magnitud y peligrosidad.

En las últimas semanas hemos visitado asilos y hogares de cuido, así como residencias de personas mayores independientes que luchan por valerse por sí mismas. Llevamos suministros, aliento y apoyo emocional. Las visitas desvelaron las condiciones y el sentir de los mayores tras el colapso del país. Miles de adultos mayores, en una veintena de municipios, coincidieron con que se sienten olvidados y excluidos.

La tormenta desnudó su vulnerabilidad y los hizo más visibles.

La lista de situaciones es interminable pero, más allá, es devastador ver a los encamados sufrir sin apoyo; a los que no se atrevían a hacer sus diligencias porque la calle continúa siendo una jungla sin semáforos; y a los que vivenen condominios sin servicio de ascensor, que se les dificulta subir la compra o cajas de agua.

Se suma el temor de retirar grandes cantidades de dinero, aun teniendo acceso a sus cuentas, por miedo a ser víctimas del crimen. Con muchas farmacias cerradas, especialmente en la montaña, carecen de sus medicamentos y con la carencia de alimentos, muchos han pasado hambre.

Al caer la noche en la oscuridad absoluta se sienten más inseguros, con miedo por el alza en la criminalidad y a caídas en la oscuridad, y todo esto abona a la incertidumbre, detonante para su salud mental. Ante este panorama sombrío y desesperanzador es nuestra responsabilidad preguntar, ¿cuándo vamos a tomar en serio por primera vez el asunto del envejecimiento del país? La verdad nos da otra bofetada y espero que esta vez no la ignoremos.

Hacemos un llamado a todos los sectores a la integración de un país participativo que atienda la vida, salud y seguridad de toda la población sin importar la edad de forma inclusiva en lo económico y lo social. Es urgente crear un “task force” integral para atender nuestra realidad ignorada. María fue solo un ensayo y destapó la vida diaria de nuestra población mayor. María no será el último huracán que nos azote y ni pensar en otros desastres como terremotos. Ya se nos acabó el tiempo; tenemos que actuar.

Otras columnas de José R. Acarón

miércoles, 18 de abril de 2018

AEE: ¿bienestar público primero?

José Acarón, director estatal AARP Puerto Rico, señala que la Autoridad de Energía Eléctrica ha descuidado sus operaciones y la atención al consumidor

💬Ver 0 comentarios