Anabelle Torres Colberg

Punto de vista

Por Anabelle Torres Colberg
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Wanda la política

Los fuertes rumores de la posible radicación de candidatura a la gobernación de Wanda Vázquez ejemplifican por qué cada vez más se pierde la credibilidad en todo aquel que muestra interés de insertarse en el ruedo político. La gobernadora, cuando juramentó, expresó en reiteradas ocasiones que por disposición de ley asumía la responsabilidad de convertirse en gobernadora, que no tenía aspiraciones políticas y que estaría por mandato constitucional los meses que le restaban a esta administración. 

Wanda Vázquez, con su discurso alegadamente apolítico, durmió a todos, incluso a la prensa, que cesaron en generar ataques a su figura o ejecutorias, que como mínimo, han sido controversiales. La realidad es que luego del verano 19, que la gobernación recayera en una persona “sin aspiraciones políticas”, fue un bálsamo de tranquilidad ante el cansancio emocional colectivo que provocó la salida de Ricardo Rosselló. 

El no ser “una candidata a vencer”, sino una mera gobernante, representaba una oportunidad para Vázquez, no solo para dejar un legado político en un momento donde Puerto Rico necesitaba a un gobernante y no a un político, sino lograr además reivindicarse como profesional, luego de un historial de imputaciones, sobre sus ejecutorias como funcionaria pública. 

Estos incidentes incluyen su acusación penal por supuesta intervención indebida como secretaria de Justicia en el caso de su hija, su relación con los miembros del chat, su falta de acción como secretaria de Justicia y luego como gobernadora contra miembros señalados de la administración Rosselló, su cercanía con el cabildero Elías Sánchez y familia, los ataques de Thomas Rivera Schatz sobre su incapacidad como secretaria de Justicia, al punto de entender en reiteradas ocasiones que debía renunciar, su participación en distintos chats con Raúl Maldonado y su involucramiento cuestionado en el caso contra Héctor Ferrer, entre otras. 

Las instancias descritas desmienten los múltiples intentos de catalogarla como no PNP o no política. Wanda Vázquez y su familia son uno de los muchos ejemplos de nuestra sociedad, donde todos los miembros se han beneficiado de las relaciones en las esferas político-partidistas. Estas permitieron que Vázquez fuera nombrada fiscal, procuradora de la Mujer y luego secretaria de Justicia por ser de las pocas confirmables por todos los bandos del PNP; que su esposo fuera nombrado y confirmado juez; y que sus dos hijas hayan estado contratadas por distintas agencias de gobierno.

Si analizamos la trayectoria explicada junto a las posiciones contradictorias asumidas desde la gobernación, lo que sugiere el escenario de una posible candidatura es que, aun como gobernadora, Wanda Vázquez ha continuado actuando tan política como en toda su carrera profesional, que es lo que precisamente le facilitó que hoy esté en Fortaleza. La gobernadora, como una política tradicional, parece estar en la disyuntiva típica de un político, la tentación de aferrarse al poder versus lo que debe dictarle el sentido común sobre lo que es conveniente para ella. Vázquez pudiera pensar que su decisión de aspirar es demostrarle a quien estimó que no podía ser gobernadora que ella va pa’encima sin miedo, pero realmente lo que comprueba es que tanto la oposición política como los testaferros del propio PNP, fueron efectivos manipulándola al punto de que está a un pie de caer en la trampa. 

La gobernadora no tiene grandes posibilidades de prevalecer en una primaria contra Pedro Pierluisi. Como candidata, paralizaría prácticamente la toma y ejecución de decisiones gubernamentales difíciles que Puerto Rico tiene que tomar de forma inmediata y por ende no tendría grandes éxitos que reclamar. Como profesional, saldría con una reputación manchada luego de un proceso político recordando sus tropiezos y cuestionamientos como funcionaria pública. Y como madre y esposa, expondría a su familia a un proceso destructivo en sus respectivas reputaciones por señalamientos de sus relaciones con el gobierno. 

Si no es a la gobernadora, ¿a quién le beneficia realmente su posible candidatura? Al PPD, porque una destrucción interna del PNP en primarias aumenta sus posibilidades de triunfo; a Thomas Rivera Schatz, quien autodestruyó sus posibilidades de aspirar a la gobernación y tiene que aferrarse a lo único que tendrá, la presidencia del partido que se extiende por seis meses como consecuencia de la primaria y porque además le provoca inconvenientes a sus enemigos políticos; a Pierluisi, porque lo obliga a enfrentar nuevamente una primaria; y, por último, a los cabilderos y allegados del chat de Rosselló, que son la fuerza real detrás de empujar esta candidatura, que prefieren arriesgarse con ella porque no han tenido espacio en la campaña de Pierluisi.

Wanda Vázquez debe retomar el camino que comenzó a recorrer cuando alcanzó la gobernación, una responsabilidad asumida para intentar hacer lo correcto, aunque no sea lo políticamente correcto. Eso solo lo puede hacer alguien que no es candidata, que no responde a los cabilderos y que escoge no jugar a las hipocresías partidistas, por unos míseros endosos oportunistas, para aventurarse en un camino incierto en el cual pierde mucho más de lo que gana. 

La gobernadora, más que repetir la frase trillada de que escucha a un pueblo, debe pensar en ella, no de manera protagonista, sino lo que la haga crecerse como profesional y gobernante. La gobernadora puede hacer grandes cosas por Puerto Rico en lo que le resta de administración, si por primera vez en su trayectoria como funcionaria pública ejecuta lo que quiere proyectar, y no lo que ha sido hasta el momento, una gobernadora no política.  

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