Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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Wanda Vázquez no es política

Acusaron en su tiempo a Roberto Sánchez Vilella y Luis A. Ferré de no ser políticos, aunque de largo tiempo estuvieron inmersos en ese mundo rodeados de los políticos más sagaces de la época. Se les distinguió por ser francos, sensibles, cándidos y, muy particularmente, porque rindieron administración pública coherente y eficiente a su paso por la gobernación. No es secreto que, desde entonces, los políticos que pasaron por Fortaleza, unos más y otros menos, contribuyeron a la degradación de confianza pública y al descrédito en que ha caído nuestra clase política.

Son tres los factores principales que condujeron a este desamor del pueblo con los líderes políticos que se turnan el poder: inestabilidad económica, corrupción gubernamental y cansancio colonial. La gobernanza de las últimas décadas del siglo pasado y de las dos primeras de este siglo se tradujo en deceleración e inseguridad económica.  Acostumbrados a la bonanza de la posguerra y depositados en la manufactura todos los huevos de la canasta de la prosperidad, el pueblo atribuye su penuria a las decisiones del gobernante de turno. De su parte, la corrupción siempre ha sido fiel compañera del poder público y su interacción con el sector privado, pero se hace intolerable que sea rampante y descarada cuando el dinero público escasea para bienes y servicios que son esenciales.  La colonia ha sido la eterna maligna esencia de nuestra historia, pero a la segunda mitad del siglo veinte nos vendieron el cuento de hadas de que había llegado el príncipe añorado.  Al rudo despertar de que “lo mejor de dos mundos” fue cuento bobo, se unió la fantasía de la estadidad al vapor – la pedimos hoy y nos aceptan mañana – usándola de carnada para atrapar votos y ganar elecciones sin procrearla mediante proceso formativo descolonizador digno.

Ese desgaste político hizo crisis el “Verano 2019” con la abrupta salida del gobernador Ricardo Rosselló Nevares y accidentada juramentación de la hoy gobernadora. De aquella turbiedad descubrimos que la gobernanza sensible y sensata era posible, hasta hoy sufrir los primeros dolores atribuidos a la falta de experiencia y sagacidad política de la gobernadora Wanda Vázquez Garced. Y la reacción no se hace esperar: “¡Tírense a la calle!  ¡Adelanten las elecciones!”, gritaba la candidata del partido Victoria Ciudadana; “¡Persecución política!”, denunciaba el aspirante progresista Pedro Pierluisi; y empezaron las parrandas por los adoquines del Viejo San Juan.

Poco anda sucediendo en un gobierno heredado del que la buena fe quiso exprimir continuidad cuando lo que se imponía era el reemplazo y la substitución de marinería para levantar proa al futuro. En medio de la confusión por los terremotos, de la demagogia activa en campaña de primarias y el oportunismo de la oposición alerta al río revuelto, la única buena noticia es que acusen a Wanda Vázquez de no ser política.

Eso es lo mejor que tiene.

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