Ángel Rosa

Punto de vista

Por Ángel Rosa
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Wanda Vázquez y el 2020

La gobernadora Wanda Vázquez anunció su candidatura a la gobernación en 2020.  La gobernadora producto de una sucesión constitucional accidentada, que tuvo que enfrentar los intentos de los políticos del PNP que proclamaban abiertamente que la gobernación debe ser para un político, entra a la competencia que hace solo cuatro meses decía no interesar.  

En esos cuatro meses, Vázquez supo capitalizar el hastío del pueblo por los políticos de carrera, el estereotipo de que para ser gobernador hay que estudiar en escuela privada y universidad en los Estados Unidos, hacer pininos en una alcaldía o la legislatura, y cultivar hábilmente una maquinaria política.  Precisamente, porque ha proyectado todo lo contrario, la gobernadora se fue convirtiendo en una opción para el PNP, cuyo liderato más recalcitrante grita a los cuatro vientos que una primaria es mala. 

Los detractores de su partido le señalan que no es estadista.  Esto lo dicen quienes han ocupado puestos electivos en el partido que por más tiempo ha estado en el poder desde 1968 sin adelantar la estadidad un centímetro.  

Otros, más arrogantes, le señalan que no está preparada para gobernar. Esto lo dicen quienes han formado parte de campañas y administraciones plagadas de corrupción, malversación de fondos e insensibilidad extrema a las necesidades de la gente. Si no saber gobernar, es exhibir algunas de estas características, entonces Wanda Vázquez encaja ventajosamente frente a su competencia.

La gestión de la gobernadora, aunque sea producto de una estrategia mediática, se ha proyectado bien.  Aún sus más cacareados fracasos han sido manejados por la ahora candidata como asuntos lejanos a su responsabilidad.

Hasta ahora, Wanda Vázquez es único resultado tangible del verano de 2019.  Su mayor debilidad como candidata es carecer del ejército de activistas políticos que se alimentan desde la nómina pública para ponerlos al servicio de las aspiraciones a puestos electivos.  Eso que en política puertorriqueña llamamos “la estructura”.  

Vale por un momento observar el comportamiento del presidente del PNP y del Senado, Thomas Rivera Schatz, ante las aspiraciones de Pedro Pierluisi para darse uno cuenta de que Wanda Vázquez no entra en esta contienda sin estructura.  Después de todo, nunca será más cierto en una contienda aquello de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

Wanda Vázquez no es una neófita.  En pocos meses ha demostrado tener más habilidad política y calle que muchos de los que la enfrentan.  Ha logrado convencer a muchos de que está respondiendo al clamor de un pueblo que tan solo este verano no la conocía.  Esa es su arma más poderosa.  Pero esa también es su debilidad.  

El juego cambia ahora para la gobernadora y para la oposición. Lo que hasta hoy se proyectaba como acción gubernamental, ahora será burda campaña política.  Para bien o para mal, como dijo en su mensaje de candidatura: el resultado de su gestión será suyo.  Su mayor reto será conservar la apariencia de no ser política en la cruenta batalla que se avecina.

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