Chu García

Tribuna Invitada

Por Chu García
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Wilfredo Gómez dejó salvar a Salvador Sánchez

No me cabe la menor duda que de haber entrenado a lo Tito Trinidad, adoptando el gimnasio como segundo hogar, Wilfredo Gómez hubiera destronado al rey pluma Salvador Sánchez, el 21 de agosto de 1981.

Sin embargo, Gómez no tan solo entrenó a medio pocillo, empezando en Ponce en un gym que Rafy Serrano le habilitó, acuertelándose además en el hotel Holiday Inn, sino que le menospreció al ser testigo de un triunfo de Sánchez sobre su coterráneo Nicky Pérez, en julio, por decisión unánime, pero sin esforzarse, lo que él estimó que no tenía suficiente talento para derrotarle.

Debido a la larga amistad que nos unía, Wilfredo casi me adoptó de padrino días antes del pleito, encargándome su entonces esposa Gina Cabassa, que era farmacéutica, que le llevara B12 inyectable para ayudarle a ganar energía. Jamás olvidaré que me preguntó en su suite cuál era mi opinión si una amiga íntima, la actriz Johanna Rosaly, asistía a la velada, y cómo reaccionaría la prensa.

Mi respuesta fue tajante: “No me meto en la vida personal de los atletas, pero acuérdate que Gina está encinta”.

Para colmo, uno de sus adiestradores, Quique Carrión, me pidió mi carro alquilado para buscarla al aeropuerto.

Gómez, ella y el abogado Gabriel Peñagarícano, entre otros, fueron a cenar a un restaurante oriental, y me enteré que él tomó jugo de naranja en demasía restando poco tiempo para su contienda sabatina y vespertina en horario del Oeste.

¿Resultado? Ganó demasiado peso y el viernes al atardecer tuvo que quitarse cuatro libras con baños de sauna, lo cual corroboré con el propio Carrión.

Me molestó tanto su irresponsabilidad que lo revelé en una columna, que el director de este diario, Carlos Castañeda, rompió la tradición y la usó como portada, sin yo saberlo, y temprano el sábado recibí una llamada de Gina maldiciéndome y acusándome de haberlos traicionado.

Obviamente, la deshidratación debilitó a Wilfredo, y fue noqueado técnicamente a los 2:09 del octavo asalto, y posteriormente estuvo varios meses sin hablarme, ya que no comprendía que no debo esconder la verdad al pueblo, aunque se tratara de él, joya del pugilismo y amigo al 100.

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