Rubén Berríos Martínez

Tribuna Invitada

Por Rubén Berríos Martínez
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Ya hablaron, ¿y ahora qué hacemos?

El mensaje está claro. El Congreso de Estados Unidos, al aprobar la Reforma Contributiva, sepultó el Estado Libre Asociado (ELA) y le asestó un duro golpe a la estadidad al rechazar tratar a Puerto Rico como jurisdicción doméstica. El Congreso habló legislando.

Los estadistas, por voz del propio Gobernador, se sienten indignados. Ni hablar de los estadolibristas cuando, luego de Sánchez Valle, PROMESA y la Junta, le acaban de dar una estocada mortal a la llamada autonomía fiscal del ELA. Y a los independentistas y soberanistas de poco nos sirve repetir “se los dije” mientras la colonia persiste.

¿Cómo debemos responder los puertorriqueños? Tenemos que diseñar una estrategia con el objetivo de enfrentar al Congreso con su obligación descolonizadora.

Urge hacerlo no solo porque el colonialismo es antidemocrático e indigno, sino porque, de no actuar, la depresión económica, que llevaba ya 10 años antes de María -debido a que el modelo económico colonial hace tiempo se agotó-, se profundizará y el país se seguirá despoblando.

Ahora es el momento para dialogar y acordar esa estrategia, la cual debe implantarse lo antes posible.

Existen, por lo menos, dos mecanismos básicos para, sin claudicar a nuestras respectivas preferencias de estatus, enfrentar al Congreso con su obligación descolonizadora:

1. una Asamblea de Estatus; y

2. un referéndum Estadidad o Soberanía propia, similar al originalmente acordado a principios del 2017 y desnaturalizado posteriormente por el PNP al incluir la alternativa colonial.

Alrededor de estos mecanismos básicos pueden considerarse diversas variaciones y siempre hay que estar abierto a alternativas adicionales que sean efectivas para lograr nuestro objetivo común.

Teóricamente podrían impulsarse otras iniciativas las cuales han sido promovidas por diversos sectores. El PNP podría insistir en su proyecto de admisión basándose en el resultado de un plebiscito donde solo participó el 20%. Pero como un creciente número de estadistas irán constatando a lo largo del cuatrienio, ese proyecto confronta dificultades insalvables. Los independentistas y soberanistas, a su vez, podríamos insistir en el Proyecto de la Cámara federal 900 para celebrar un plebiscito entre Libre Asociación e Independencia. En cualquier caso, lo que hace falta no son las iniciativas particulares, sino un mecanismo consensuado entre las fuerzas de la descolonización que desde Puerto Rico lleve al Congreso a actuar.

Una vez acordado el mecanismo apropiado, los diversos participantes presentarán, por supuesto, sus respectivas propuestas y alternativas descolonizadoras.

En cuanto a la alternativa de Independencia que desde el PIP promoveremos, baste, por lo pronto, señalar lo siguiente: aunque durante las pasadas décadas ya hemos presentado en diversas ocasiones, formal y públicamente, un detallado modelo de desarrollo económico para la República, incluyendo un proceso de transición, a la luz de los últimos acontecimientos nuestra propuesta está siendo actualizada por un destacado grupo de economistas y juristas -tanto en su versión formal y detallada como en una más sencilla para su amplia difusión.

Hasta fechas muy recientes muchos ni remotamente consideraban la posibilidad de la Independencia y por lo tanto, no es de extrañar que no se hayan interesado en conocer nuestro modelo y mucho menos considerarlo. Pero las condiciones han cambiado, otras alternativas se cierran o se van cerrando y ahora otro es el cantar.

En síntesis, las nuevas circunstancias demandan un diálogo entre los diversos sectores ideológicos para acordar un mecanismo procesal que nos permita enfrentar al Congreso con su obligación descolonizadora. Hacia ese fin irán dirigidas las iniciativas del Partido Independentista Puertorriqueño. Así lo determinó nuestro Comité Central –compuesto por los Presidentes de los comités locales– en su última reunión celebrada el pasado domingo, 17 de diciembre.

Basta de súplicas y genuflexiones. El Congreso no actuará sobre el estatus hasta que generemos la presión suficiente para hacerle imposible esquivar su responsabilidad.

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