Wilda Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Wilda Rodríguez
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¿Y ahora qué?

Las veinticuatro horas de lamentos y recriminaciones ya pasaron. Las cuarenta y ocho (por la resaca) de euforia y celebración también. Ahora hay que comenzar en serio a trabajar.

Cada cual a lo suyo. Allá los novoprogresistas con su victoria eleccionaria pírrica y su rollo con Donald Trump. Allá los populares con sus estrategias para mantener a Carmen Yulín a raya.

Vamos a hablar de los independentistas. Las dos palabras que definen lo que tienen por delante es diálogo y organización.

Considero un triunfo de la campaña eleccionaria el debate muchas veces agrio que se dio en las redes sociales entre independentistas de todos los sectores. Contribuyó a dejar escapar el vapor y acabó conciliando a la mayoría con la idea de una asamblea sin pre condiciones.

Todavía se debate con pasión el rol del Partido Independentista y su proyecto electoral. Pero ese debate comienza a ir más allá de la percibida participación insustancial en el sistema colonial para tomar en cuenta, por ejemplo, que la institucionalidad del PIP le permite al independentismo puertorriqueño participar en organismos internacionales donde la condición es precisamente ser partido electoral.

Es bueno que se discutan todas las razones que tiene el PIP para mantenerse inscrito como partido más allá de que sea un capricho sectario o un afán de dinero del fondo electoral como insisten los enemigos del PIP. Pero esa discusión tiene que darse desde la conveniencia del independentismo, no desde el encono de nadie y mucho menos haciéndole el juego a los verdaderos enemigos de la independencia.

El rol del PIP o de otras alternativas electorales es posiblemente el primer punto en la agenda de una asamblea independentista, pero no es el único ni el más importante.

Un plan de resistencia a la Junta de Control Fiscal y su brazo electo por una minoría del electorado –el PNP– es más importante de inmediato que las elecciones del 2020.

Sobre todo, un plan de descolonización conjunto que comience a tomar en cuenta que la comunidad internacional nos está abriendo la puerta, que por primera vez Estados Unidos ayudó a abrirla, y que tenemos que meter el pie para que Donald Trump no la cierre.

Ya el Comité de Descolonización de la ONU designó el grupo Ad Hoc para propiciar el diálogo sobre la descolonización de Puerto Rico con Estados Unidos.

La embajada de Estados Unidos, en lugar de mantener su arrogante silencio sobre el tema como de costumbre, pidió recientemente a la ONU que incluyera en sus determinaciones la libre asociación y la anexión como opciones descolonizadoras.

Tenemos que emprender esa ruta internacional con premura, juntos y claros.

Propongo que al menos tres de las organizaciones independentistas y tres líderes reconocidos del independentismo no afiliado convoquen ahora mismo para la asamblea de diálogo y conformen la mesa que dirija los trabajos de esa asamblea en una fecha bien cercana. Me ofrezco para ayudar a formular la agenda y las reglas de juego. El norte de esa asamblea debe y tiene que ser la descolonización, por lo que deben considerar si se invita a los soberanistas o se dejan para una segunda convocatoria.

Entretanto, creo que el independentismo puertorriqueño debe reflexionar sobre unas realidades: (1) ahora cuenta con dos senadores independentistas y un representante electos; (2) hay una nueva cultura electoral - solo un 55.10% de los electores inscritos acudió a las urnas, casi una tercera parte del voto emitido (450 mil) fueron votos mixtos y por candidatura, y dos candidatos independientes acumularon 264 mil votos; (3) el gobierno electo no está legitimado por una mayoría -apenas obtuvo 40% del voto emitido lo que corresponde a poco mas del 20% del electorado inscrito; (4) las redes sociales probaron ser el medio ideal para la educación política. Amén.

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