Fernando Cabanillas

Tribuna Invitada

Por Fernando Cabanillas
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¿Ya te vacunaste contra el cáncer?

Esta pregunta, en un futuro cercano, se escuchará con la misma naturalidad con que ahora se oye: ¿ya te vacunaste contra la influenza?

Cuando veo a una víctima del polio en silla de ruedas, casi siempre personas mayores de 65 años, no puedo menos de pensar en lo afortunada que fue la humanidad cuando Jonas Salk descubrió la vacuna contra esa enfermedad, a tiempo para protegernos de un sufrimiento tan incapacitante. Gracias a las vacunas, innumerables infecciones, además del polio y la viruela, han sido prácticamente erradicadas.

La historia de las vacunas es muy interesante. Un medico inglés, de nombre Edward Jenner, había escuchado que las personas que ordeñaban vacas infectadas con viruela nunca se enfermaban con el mortal virus. A él se le ocurrió, en 1796, obtener material de las lesiones de piel de una ordeñadora que se había infectado con el virus de la viruela de las vacas, una infección similar pero mucho menos seria que la viruela humana.  El pus de estas lesiones se lo inoculó a un niño saludable de ocho años. Varios días después, inyectó al niño con material de viruela humana y como no se enfermó, concluyó que la exposición a la viruela de vacas lo había protegido de la viruela humana.

Aunque se piensa que los chinos ya habían experimentado con vacunas anteriormente, la historia de la medicina le atribuye a Jenner la primera vacuna. Su conclusión fue basada en un solo caso, pero afortunadamente tuvo razón. Hoy día un experimento como ese le hubiese costado la cárcel.

Si la vacunación contra el cáncer fuera tan simple como la de la viruela, ya nuestro problema estaría resuelto. Pero el tema del cáncer y el sistema inmune es mucho más complejo. Va mucho más allá de inocular a una persona con células malignas. La estrategia actual para la vacunación contra el cáncer consiste casi siempre en separar las proteínas de las células cancerosas e inmunizar a los pacientes contra ellas, con la esperanza de estimular su sistema inmune para que elimine las células cancerosas.

En una columna previa titulada El final de la quimioterapia, comenté el tema de los avances en la inmunoterapia del cáncer. La inmunoterapia no es otra cosa que utilizar el sistema de defensa que todos tenemos y que está enfocado en contra de agentes foráneos como son las bacterias y el propio cáncer. Pero eso es tratamiento y no prevención. Ni para el polio ni para la viruela existe un tratamiento, pero podemos vacunarnos para prevenirlas. ¿Podremos lograr lo mismo con el cáncer?

Las vacunas proporcionan protección en parte a través de la capacidad de nuestro sistema inmune de producir anticuerpos en contra de un organismo infeccioso, o una célula cancerosa. Las células llamadas linfocitos son parte muy importante de ese sistema inmune y pueden también participar directamente atacando a esos adversarios. Cuando se administra una vacuna, se introduce en nuestro cuerpo una cantidad pequeña, debilitada o muerta del agente que deseamos combatir. Esta cantidad pequeña es suficiente para ayudarnos a desarrollar la inmunidad que nos protege de la enfermedad. 

Las vacunas contra el cáncer se pueden dividir en dos categorías: las preventivas y las terapéuticas. Las preventivas serían las que se usan para evitar que nos de cáncer, mientras que las terapéuticas se usan para evitar una recaída cuando ya el paciente tiene la enfermedad. Se ha demostrado que dos vacunas preventivas, Gardasil y Cervarix,  en contra del virus del papiloma humano (HPV en inglés), ayudan a prevenir el cáncer del cuello de la matriz y también el cáncer de la base de la lengua. Pero esa protección se obtiene indirectamente debido a que esos tumores son causados por el virus HPV. La protección es contra del virus que causa el tumor, no directamente contra el tumor. La vacuna contra la hepatitis B es otra capaz de protegernos contra un virus que puede desembocar en cáncer de hígado. Como no son muchos los tumores producidos por agentes infecciosos, no es posible prevenir la mayoría de los tumores malignos con vacunas.

Con excepción de aquellas dirigidas contra un virus, hasta ahora no existe una vacuna preventiva para el cáncer. En estos se utilizan vacunas terapéuticas para evitar las recaídas. El éxito ha sido limitado. Pero los modelos de animales experimentales nos han enseñado que las vacunas son mucho más exitosas antes que le dé cáncer al animal. Existen cepas de ratones que tienen una predisposición a desarrollar cáncer y en esos animales es donde han sido muy exitosas las vacunas de cáncer preventivas. Una vez les da cáncer, estas vacunas son mucho menos efectivas. Los hallazgos alientan la esperanza de que se pueda reproducir el éxito en humanos en riesgo de desarrollar cáncer, como las personas a las que se les detectan genes mutados. Eventualmente, si la estrategia es exitosa, se podrá extender a todas las personas. Pero los ensayos clínicos oncológicos siempre deben seguir un orden lógico. Primero queremos saber si la vacuna es segura y luego si es efectiva. Por tanto, se empieza a usar en voluntarios con cáncer, en quienes cualquier riesgo de toxicidad se justifica, ya que en ellos el peligro de morir de cáncer es mayor que el de morir de algún efecto secundario de la vacuna.

Salvo las vacunas antivirales ya discutidas, todas las vacunas que se han estudiado en humanos son terapéuticas porque todas las investigaciones se han enfocado en pacientes ya diagnosticados con una malignidad. Ninguna es preventiva. Pero no está lejos el momento en que comenzarán experimentos clínicos utilizando vacunas preventivas contra el cáncer.

Durante mi niñez existía una popular tirilla cómica, la de Dick Tracy, pintoresco detective dequijada cuadrada que obstinadamente perseguía a un delincuente. Dick Tracy hablaba a través de un reloj pulsera que le servía de teléfono. Yo pensaba que era absurdo y que nunca sería posible hablar a través de un reloj. Pero ahora, después de varias décadas, esa imagen dejó de ser ciencia ficción. Se acerca el día en que las vacunas contra el cáncer también salgan del ámbito de la fantasía. Indudablemente tomará menos tiempo que lo que le tomó a Chester Gould, el autor de Dick Tracy, ver su sueño convertido en realidad.

Eso sí: desde ahora les puedo adelantar que no habrá una sola vacuna que proteja de todos los tipos de cáncer. No será tan sencillo como eso.

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