Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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¿El Hospital Pedro Rosselló para COVID-19?

La noticia del 3 de abril leía así:

“El Centro de Convenciones Pedro Rosselló se utilizaría como hospital para atender pacientes de COVID-19. La Guardia Nacional confirmó que en el lugar caben unas 2,500 camas provisionales que estarían disponibles para pacientes en recuperación”.

De entrada, suena muy razonable. Obviamente han copiado exactamente el modelo de Nueva York, donde prepararon el Centro de Convenciones Javits con el mismo propósito. Sin embargo, no todo lo que se hace en NYC es correcto y no todo aplica a Puerto Rico. ¿A quién se le ocurrió esta propuesta?  ¿No tendría más sentido evaluar cuán bien funcionó ese plan neoyorquino, antes de copiarlo al pie de la letra? 

Revisemos el resultado de la gran inversión en tiempo y dinero de la iniciativa de Nueva York. Para el 4 de abril, el hospital improvisado en el Javits Center, colocó 3,000 camas con planes para 1,000 camas más. Pero sucedió que al poco tiempo tuvieron que cerrar ese hospital por falta de uso, debido a la poca demanda. El personal médico y paramédico estaba listo para tratar una avalancha de contagiados de COVID-19, pero solo llegaron unos 40 pacientes. ¿Qué sucedió? A pesar de que las unidades de intensivo de la ciudad estaban saturadas con las víctimas de esta enfermedad, los médicos no podían transferir esos casos al Javits debido a la seriedad de su situación médica, aun después de salir de cuidados intensivos.  Además, la intensidad de la epidemia en NYC parece haber llegado al tope y están empezando a disminuir las hospitalizaciones. Se diría que la crisis ya está amainando.

¿Y si después de invertir millones en ese Hospital Pedro Rosselló, resulta que corre el mismo destino del Javits?  De momento me asaltó esa duda y otras más que no he logrado aclarar. Vamos en orden. Primero que nada, revisemos los datos estadísticos del COVID-19 en Puerto Rico. Al principio de la epidemia, el aumento en total de casos nuevos comparándolos con el día anterior, era muy preocupante, porque las cifras indicaban un aumento de un 30% diariamente. Pero el 15 de marzo la gobernadora decidió declarar el toque de queda y cuarentena en toda la isla. Súbitamente, el 31 de marzo, dos semanas después de iniciar la cuarentena obligatoria, la cifra de casos nuevos descendió a un 20% y de ahí en adelante ha seguido disminuyendo. Las cifras más recientes del Departamento de Salud indican un aumento promedio de solo 5% entre abril 17 a abril 19. El tiempo a duplicación de casos nuevos, es el más largo registrado hasta ahora: 16 días. Claro que muchos piensan que estas cifras son incorrectas, porque no reflejan la realidad, ya que no se están haciendo suficientes pruebas moleculares por PCR… y tienen toda la razón. Mientras menos pruebas se hagan, menos casos vamos a identificar, pero miremos nuevamente los datos objetivos.

A principio de la epidemia se hacía solo un puñado de pruebasdiarias, pero gradualmente esto fue subiendo hasta alcanzar alrededor de 218 pruebas diarias hacia finales de marzo. Luego se alcanzó la cifra récord de 572 el 14 de abril. En fin, esto lo que nos indica es que a pesar de que se están haciendo más pruebas, el número de casos nuevos diagnosticados diariamente, ha disminuido desde el 31 de marzo, a solo dos semanas de comenzar la cuarentena. Y para colmo de males, o, mejor dicho, colmo de bondades, ahora nos notifican que las cifras de Salud estaban erradas, y que el número total de casos en la isla es 30% menor a lo que nos habían dicho.

¿Pero serán estos números reales? ¿Reflejarán la realidad de lo que estamos viendo en la práctica diaria? El Departamento de Salud hace pocos días empezó a contabilizar en su “dashboard”, el número de camas de intensivo ocupadas versus las que están disponibles en la isla. Los números nos indican que el 11 de abril había 352 camas de intensivo disponibles, y el 18 de abril 330. Aún más importante es el número de cuartos con presión negativa disponibles. Este dato es crucial porque los pacientes con COVID-19 se admiten a estas habitaciones especiales para proteger del contagio a los demás pacientes. El 13 de abril había disponibles 163 de estos cuartos especiales, y el 19 de abril había 187.

Además, los hospitales están vacíos, y por el momento hay más que suficientes camas disponibles. El número de habitaciones ocupadas no parece estar proyectándose de forma preocupante para el futuro cercano. Según Salud, debiéramos llegar al máximo de casos de COVID-19 a principios de mayo, aunque la fecha luego se pospuso hasta principios de junio. Tal vez me equivoque, pero mis gráficas no proyectan una crisis futura. Claro, no soy epidemiólogo. Debe hablar claro el gobierno: ¿cuáles son las proyecciones en cuanto al número de camas, ventiladores y cuartos de presión negativa disponibles para junio? 

Yo no soy una persona muy suspicaz ni paranoica, sino al contrario… pero cuando no veo que los datos sostienen una crisis que se avecina, no me cabe más remedio que sospechar una movida. Mi preocupación se corroboró cuando me enteré de que el Dr. Carlos Mellado intentó sin éxito convencer al Secretario de Salud, Dr. Lorenzo González, para que le otorgara el contrato de ese hospital. ¿Un médico en busca de un contrato de construcción? Con las pruebas de sangre rápidas, era un constructor en busca de un contrato médico. 

¿Por qué no nos hablan con más transparencia, con datos objetivos y proyecciones futuras? Precisamente conversaba de este tema con alguien a quien se le ocurrió una propuesta legislativa que la presento, no como una idea mía, sino de mi amigo Diego Canals. Él piensa que, durante tiempos de crisis, como huracanes, terremotos y epidemias, debiera regir una ley diferente que castigue con la pena máxima al que se eche al bolsillo el dinero destinado a mitigar o resolver la emergencia. Y yo propongo que quizás la pena pueda ser más leve: cortarle ambas manos. Quisiera saber la opinión de la gobernadora. Me imagino que estará de acuerdo conmigo… pero pensándolo mejor, puede que no le guste la idea de tener un gabinete de mancos, con alguno que otro funcionario que todavía conserve las dos manos.

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