Phillip Arroyo

Desde la diáspora

Por Phillip Arroyo
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Huracán de discrimen

Como estudioso y seguidor de la historia desde mis tiempos de niñez, siempre me llamaba la atención el movimiento de derechos civiles en los Estados Unidos durante la década de los 1960. Durante este tiempo, líderes como John y Bobby Kennedy, junto al reverendo Martin Luther King y Malcolm X, enfrentaron el racismo de frente y sin miedo, así culminando en la aprobación de la Ley de derechos civiles y la adquisición del poder del voto para los afroamericanos. 

Dicho movimiento consistió de grandes sacrificios y sufrimientos por parte de miles de personas que jamás claudicaron en su lucha por obtener el respeto y la dignidad humana que innatamente merecían, no solo como seres humanos, sino como ciudadanos del país más "democrático" y "libre" del mundo. 

Durante mi tiempo de formación académica en Puerto Rico por más de 14 años, y durante mi tiempo laborando en el Departamento de Estado cuando era miembro del Partido Nuevo Progresista, recuerdo mi ingenuidad al pensar que, gracias al sacrificio de los líderes arriba mencionados y la elección de Barack Obama, el primer presidente negro en liderar los Estados Unidos, en efecto el racismo había muerto. 

Desde que me vi forzado a mudarme a la ciudad de Orlando, como han hecho cientos de miles de otros puertorriqueños, hoy les puedo decir, amigos y amigas, que el racismo en los Estados Unidos está más vivo que nunca.

Antes de la sorprendente victoria de Donald Trump ya podía ver señales aquí en el estado de Florida de cómo el tsunami de votos racistas se cocinaba, pero jamás pensé que iba a ser suficiente como para catapultarlo a la presidencia, el candidato republicano a presidente de los Estados Unidos con menos experiencia en toda la historia de dicha nación. 

Desde mi llegada a Orlando en el 2014, no solo pude ver el racismo, sino que lo viví en carne propia en el ámbito profesional y con las autoridades policiacas, quienes te pueden arrestar simplemente por tener una bandera puertorriqueña en tu carro. En adición, la cuidad de Orlando está entre las ciudades con mayor cantidad de incidentes de brutalidad policiaca en toda la nación americana. Sobre el 72% de los encarcelados en Orlando son hispanos o afroamericanos; una realidad escalofriante que estuvo escondida por décadas hasta que este servidor junto a líderes comunitarios y activistas de todas las razas presionamos a la Alcaldesa del Condado Orange a que hiciera público la cantidad de hispanos encarcelados y cesaran de contarnos como blancos.

Por un año consecutivo, estadistas me atacaban porque, según ellos, mis alegaciones del racismo latente en Estados Unidos eran exageradas. Hoy, el tiempo nuevamente me dio la razón. Un hombre abiertamente racista, machista y extremista es el presidente electo de los Estados Unidos. 

La elección de Trump se estuvo cocinando desde hace mucho tiempo. El racismo jamás murió, simplemente estaba escondido en el closet. Cuando surgió la figura de Donald Trump, quien anunció su candidatura presidencial acusando a los hispanos como "violadores y criminales", esa mayoría silente comenzó a salir poco a poco y ahora, con el nuevo presidente, sienten que tienen licencia para ser racistas públicamente.

Según estadísticas nacionales, luego de la pasada elección presidencial los casos de crímenes de odio de naturaleza racial se han disparado en un 700% y la nominación de Jeff Sessions para Secretario de Justicia de los Estados Unidos es solo un preámbulo de la guerra contra los hispanos que se avecina pronto en los Estados Unidos.

Sessions fue nominado a la judicatura federal hace dos décadas y su confirmación fue rechazada por el Senado de los Estados Unidos por sus expresiones anti-hispanos y numerosos actos racistas. 

En la ciudad de Boston, un puertorriqueño encontró un cartel en el parabrisas de su automobile que leía "Los puertorriqueños son unos animales que no valen nada y cuando Donald Trump tome el poder están todos muertos" . Estos tipos de amenazas han sido el pan nuestro de cada día en los Estados Unidos. 

Ante esta realidad racista innegable en los Estados Unidos y los tiempos difíciles que se avecinan, centrado en lo que he denominado como un "huracán de discrimen", la estadidad para Puerto Rico esta más muerta que nunca y el doctor Ricardo Rosselló y su administración lo saben muy bien, por más que lo nieguen e intenten desesperadamente de mantener la mentira estadista viva para alargar el guiso. 

Yo me quedaré luchando por la justicia de los humildes en Puerto Rico y nuestros hermanos hispanos indocumentados aquí en el mismo patio del colonizador y en el ámbito internacional donde hay que llevar la lucha, no en Puerto Rico, donde la derrota plebiscitaria del Estado Libre Asociado en el 2012 no solo fue ignorada, sino que causó una lluvia de políticas antidemocráticas que hoy siguen destruyendo a Puerto Rico.

Ante ese panorama catastrófico y abusivo, la única opción respetable y honorable es la independencia de Puerto Rico como país libre y soberano, como lo es irónicamente los Estados Unidos. 

Para finalizar, el pasado fin de semana estuve de visita por la ciudad de Savannah, Georgia junto a mi novia. Seleccionamos la ciudad por su gran cantidad de lugares históricos, entre ellas, un cementerio que guarda los restos de numerosos patriotas americanos que dieron su vida por la libertad a raíz de los abusos de Gran Bretaña. Durante mi visita al cementerio de revolucionarios me encontré con la lápida del abogado y revolucionario americano Archibald Bulloch. Justo arriba de su nombre lee una cita suya que irónicamente me motivó más aun para luchar por Puerto Rico. La cita es parte de un discurso que dio en el 1776 durante la época cuando se firmó la declaración de independencia de los Estados Unidos y lee " This is no time to talk with moderation; in the present instance it ceases to be a virtue" y que traducida al español lee "Estos no son momentos de hablar con moderación; en el presente instante cesa de ser una virtud". 

Estados Unidos ha perdido su rumbo y ha abandonado los principios de libertad, igualdad y justicia que fueron obtenidos por sus patriotas quienes dieron sus vidas por lo correcto. Hace poco fui nombrado a un puesto de liderato en la Unión Americana de Derechos Civiles (ACLU, por sus siglas en ingles) la misma organización que defendió a Don Pedro Albizu Campos en el 1937 junto al licenciado Don Gilberto Concepcion de Gracia y el congresista por Nueva York y también abogado Vito Marcantonio. El nombramiento fue inesperado, pero un verdadero honor. Mi propósito es claro; defender a los necesitados y exigir la justicia para nuestra gente. En la década de los 60 fueron los afroamericanos los perseguidos; hoy somos los Hispanos. 

Se avecina un huracán dirigido directamente hacia los hispanos en los Estados Unidos. 

Le damos la bienvenida. Que echen pa' lante... 

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