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Líderes con sensibilidad y destrezas administrativas

Los gobiernos enfocados en atender con diligencia a la ciudadanía se aseguran de que los miembros de su gabinete cumplan con los estándares más altos de respeto al servicio público, conocimiento pleno del campo asignado, experiencia administrativa y liderazgo ejemplar. No menos importante es que actúen con sensibilidad, sin distinción de persona.

El pueblo de Puerto Rico ha padecido, en particular a raíz de los desastres recientes, el alto costo de que los gobiernos pasen por alto esas cualidades a la hora de seleccionar a quienes ocuparían las más altas sillas públicas. Tras tres emergencias consecutivas, Puerto Rico necesita sosiego y soluciones brindadas con profesionalismo, respeto y diligencia.

Tres meses después de declarada aquí la emergencia por la pandemia del COVID-19, miles de ciudadanos esperan por que se les honre el seguro de desempleo que han pagado. Ante la vacante en la Secretaría del Trabajo y Recursos Humanos, en medio de un caos desbordado, la nominación de Carlos Rivera Santiago ha añadido cuestionamientos y hasta indignación al malestar. La situación convoca a la gobernadora Wanda Vázquez a ponderar la designación.

Existe un serio debate público en torno a si el designado cuenta con la experiencia administrativa necesaria, además de la sensibilidad y la empatía requeridas para resolver con prontitud las dificultades que confrontan a diario miles de desempleados que hacen filas de horas bajo el sol para ceñirse al horario de la agencia.

La magnitud del desfase en los servicios de la agencia exige acción urgente, pero apropiada. Por ello, tan importante nombramiento no debe despacharse a la ligera.

Por un lado, Rivera Santiago no es del todo ajeno a las deficiencias gerenciales en la agencia. Al momento de su designación era asesor de asuntos laborales de la gobernadora, encargado de ser enlace y de supervisar desde La Fortaleza la gestión de la Secretaría del Trabajo y Recursos Humanos.

Por otro lado, los señalamientos surgidos en torno al desempeño del nominado mientras fue procurador de Menores en el Departamento de Justicia apuntan a una insensibilidad a las necesidades y vulnerabilidades de niños que, en vez de ser referidos para un manejo saludable de sus problemas, fueron sometidos a procesos judiciales en los que se les trató como criminales. Esa actitud no puede extenderse al manejo de personas desempleadas que reclaman, desde la desesperación, que se respeten sus derechos.

Está sobre la balanza el reclamo del nominado al cumplimiento de lo que entendía como deber sin ponderar las repercusiones de imponer el peso del Estado sobre menores por conflictos del ámbito escolar. Al nominado se le atribuye haber objetado que una menor fuera evaluada por peritos del Estado para determinar si era procesable, así como responder al interés de las partes acusadoras al proseguir con el caso. El sistema de justicia no puede usarse para ejercer venganzas ni para alimentar desigualdades. El procurador debe velar por el balance de derechos. En este caso, el nominado no ha reconocido su responsabilidad en los efectos de sus acciones u omisiones.

El mérito del nombramiento de Rivera Santiago no es el único que genera serios cuestionamientos. La Asamblea Legislativa ha mantenido su patrón de aprovechar el distanciamiento social como preventivo de la pandemia para crear el cargo de compradora de gobierno. Este puesto de diez años fue otorgado a una abogada recién graduada con apenas dos años de trabajo en la Administración de Servicios Generales.

Además, la legislatura se apresta a extender por diez años la dirección de la Administración del Sistema de Retiro. Propone enmendar la Ley de la Comisión de Juegos del Gobierno para que la posición de director ejecutivo sea por seis años.

Estas movidas distan de la gobernanza seria, eficiente y de servicio que el pueblo exige. Los ciudadanos reclaman respeto y consideración a sus necesidades reales. Reclaman un liderazgo democrático, que respete y proteja los derechos de la gente de la ineptitud administrativa y de la insensibilidad del poder.