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Visión y unidad ante los retos que enfrenta el país

Puerto Rico enfrenta el 2020 con una agenda económica y social coyuntural, acentuada por los eventos sísmicos recientes, que exige atención diligente del gobierno y compromiso serio de quienes aspiran a gobernar.

Con efervescencia primarista, comienza un ciclo electoral distinto. El pueblo votará luego de que, por primera vez en nuestra historia, de forma pacífica y contundente, el repudio generalizado a la insensibilidad y la prepotencia hizo renunciar a un gobernante. La gente exigió responsabilidad gerencial y respeto a su dignidad, derechos y diversidad. Esos reclamos siguen vigentes.

Una nueva cepa de aspirantes buscará cargos públicos en los comicios de noviembre. Hay más de cien contiendas primaristas, incluyendo las candidaturas a la gobernación en los dos partidos que se han alternado el poder por décadas. Como si fuera el mismo país, muchos desempolvan discursos y estilos del pasado.

Hoy Puerto Rico enfrenta retos cruciales derivados de años de clientelismo y cortoplacismo. Se requieren los mejores líderes para superarlos. En agenda está, entre otras prioridades, retener a las corporaciones foráneas ante el inminente cese de créditos federales. Hay que reformular las regiones ante la prevista eliminación de aportaciones estatales que mantienen de forma artificial a la mitad de los municipios. Habrá reducción de pensiones y potenciales aumentos tarifarios por electricidad, con efectos exponenciales sobre la economía.

Negociaciones de deuda esperan el aval de la Corte de Título III de Promesa para su repago. El gobierno tendrá que ceñirse al Plan Fiscal para lograr la proyectada mejoría económica de .10% por consolidar agencias. Habrá alivio con la aprobación del 76% de los fondos de Medicare por dos años, pero queda transformar el sistema de salud.

Todo ello requiere de funcionarios con la capacidad de echar a un lado agendas particulares para servirle al país con entrega, disciplina y pulcritud. Deberán trabajar en conjunto con la Junta de Supervisión Fiscal, y con todos los sectores, para demostrar voluntad y seriedad al gobierno federal y los mercados. Quien ofrezca deshacerse de la Junta tendrá que mostrar cómo logrará cuatro presupuestos balanceados consecutivos, condición federal para prescindir del organismo. Pero le corresponderá coordinar junto a ellos. Una actitud hostil retrasaría las soluciones.

Además, Puerto Rico tiene que prepararse para los efectos de las guerras comerciales y el escalamiento de tensiones entre Estados Unidos e Irán y Corea del Norte. Pende la amenaza del cambio climático que se agrava para las islas. Hay que diseñar respuestas a eventos extremos, como huracanes y terremotos, y sus implicaciones para la salud pública, y políticas sociales para hacer al país menos vulnerable. Hace falta dialogar, concertar; dejar atrás los tribalismos.

La sostenibilidad de la isla se decide este año. Mientras, el gobierno tiene que hacer su parte.

Pese al cambio de mando hace seis meses, poco cambiaron política y gobierno en sustancia y cultura. El desdén destilado en el bochornoso chat que detonó la furia pública no acabó con la salida de los protagonistas. Siguen en agencias, legislatura y municipios, funcionarios sordos al reclamo de la gente, como si nada tuviera que ver con ellos. Despilfarran en proyectos innecesarios. Reparten la nómina pública entre familiares y allegados, sin que importen cualificaciones y sin que rindan cuentas. Se asumen por encima de la indignación ciudadana mientras dejan sin fondos a un país quebrado.

Con estas actuaciones los partidos que han gobernado demuestran su desgaste. Con maquinarias y campañas anacrónicas se ofrecen como respuesta a problemas que ayudaron a crear. Provocaron la crisis y la renuencia federal a liberar los fondos de la recuperación. En tanto, surgen nuevamente alternativas que aportan diversidad e ideas para deliberar. Tendrán que demostrar que son distintos.

Puerto Rico requiere transformación real y profunda. Corresponde a los ciudadanos impulsarla. Del ejercicio pleno del derecho de expresión del verano, toca este año hacer lo propio, con pensamiento crítico, en las urnas. Hay que exigir de los aspirantes respuestas concretas, fundamentadas y viables a los grandes desafíos que el país tiene por delante. Urge un liderazgo visionario y comprometido, sensible y respetuoso del dolor y la necesidad, capaz de unir y timonear hacia el desarrollo pleno.