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50 años al servicio de Puerto Rico

La vida de los puertorriqueños no ha sido fácil. Por más de 500 años, hemos vivido hambrunas, depresiones económicas, desastres naturales y frustraciones políticas. Todo ello ha fraguado un pueblo valiente, que no se rinde.

Hace 50 años, El Nuevo Día nació con la esperanza de la alborada.

Nuestro padre, Antonio Luis Ferré, fundó este periódico el 18 de mayo de 1970. Hizo realidad un sueño de su adolescencia, con una propuesta audaz desde el punto de vista temático y visual. Las palabras de nuestro padre, en el editorial del primer número de El Nuevo Día, están llenas de vida: “No pretendemos hacer un periódico más, un negocio más, sino ser la expresión de la aspiración y el sentir de un pueblo: queremos ser una manifestación del nuevo Puerto Rico y del puertorriqueño nuevo… El Nuevo Día será firme defensor del progreso y de la modernización social. Tenemos plena conciencia de los signos que presiden el tiempo histórico en que vivimos. Miramos al porvenir y al porvenir nos debemos…”

Para comenzar a capturar ese elusivo porvenir, nuestro padre tuvo la visión de contratar a un puñado de hombres y mujeres atrevidos y soñadores.

El trío, formado por el director Carlos Castañeda, un periodista radial cubano apasionado de la imagen, por el diseñador gráfico José Luis Díaz de Villegas, un Leonardo Da Vinci caribeño, y el fotógrafo oriundo de Humacao Luis Ramos, imprimió rápidamente la urgencia de la imagen como signo vital de un periódico que nacía con la popularización de la televisión local.

Don Carlos, que venía fresco de su experiencia en la revista Life, apostó a competir con la imagen televisiva mediante el formato de un periódico visual y atrevido. Nuestra Marisol Malaret nos dio, no solo el primer reconocimiento mundial a la belleza y al talento de la mujer puertorriqueña, sino una de nuestras primeras portadas emblemáticas. Castañeda olfateó que la niña, como le decía con cariño a Marisol, podía ganar, y envió a Luis Ramos a Miami a cubrir el concurso. Y Marisol fue nuestro primer gran contacto con el pueblo. El titular “¡La más bella!” llenó a Puerto Rico de esperanza y marcó el comienzo de un Gran Periódico al servicio de la gente.

Hoy, energizado cada minuto con nuestra misión informativa, nuestro equipo se entrega, igual que hace cinco décadas, a la tarea de forjar un mejor Puerto Rico. Lo hacemos como parte de una sociedad de diálogo abierto con las redes sociales, donde la certeza informativa puede convertirse en un desafío.

Nuestros reporteros y editores tienen la conciencia de que pertenecen a la institución del periodismo. Deshacen con información veraz los fantasmas oportunistas del “fake news” que, acompañados en demasiadas ocasiones por los estilos beligerantes de líderes políticos, buscan convertir a los medios y periodistas fiscalizadores en blancos de ataques viciosos.

Asumimos con firmeza nuestra responsabilidad de incomodar al poder para impedir que los obstáculos al acceso a la información socaven los pilares de la democracia.

El Nuevo Día ha defendido la libertad de prensa de ataques violentos, del cierre malsano de accesos legítimos a las fuentes de información oficiales, y de legislaciones que desmerecen la transparencia de las gestiones gubernamentales.

La semilla innovadora y atrevida ha guiado nuestro rumbo hasta convertirnos en el puente conector con nuestra patria extendida. Cerca de cinco millones de puertorriqueños, de distintas generaciones migratorias, se mantienen atentos al acontecer en su isla a través de nuestras plataformas digitales.

Hemos grabado, primero en tinta y fotos, hoy también en audiovisual, una historia de tristezas, alegrías y aprendizajes. Hemos estado al lado de nuestra gente con las tragedias del Hotel Dupont Plaza, del alud en Mameyes y la explosión en Río Piedras; los huracanes Hugo, Georges, Irma y María; los asesinatos en el Cerro Maravilla; y la gloria y la pérdida de Roberto Clemente. Documentamos la histórica visita del papa Juan Pablo II; la publicación de “La guaracha del Macho Camacho” de nuestro Luis Rafael Sánchez, cuyas columnas galardonan nuestras páginas; y el oro olímpico que Mónica Puig trajo a Puerto Rico. Hemos seguido a los grandes boxeadores y tenismesistas, y a los atletas de béisbol, baloncesto y voleibol que han sudado orgullo para nuestra patria. Caminamos junto a los talentos puertorriqueños que el mundo admira, como Raúl Juliá, Ricky Martin, Benicio del Toro y Lin-Manuel Miranda. Cubrimos el ascenso de Sonia Sotomayor al Tribunal Supremo de Estados Unidos, y a un mar de orgullos nuestros en diversas gestas.

Hemos dado grandes batallas en defensa de los mejores intereses del pueblo puertorriqueño. Los retos han sido muchos, pero siempre han sido respondidos con la fuerza y confianza de nuestro verbo. No fue opción callar tras los eventos del verano de 2019. Pedimos, en nuestra portada, la renuncia del gobernador para cerrar una de las páginas más vergonzosas de la historia reciente.

En estos días, el COVID-19 se antepone como un desafío mayúsculo para los gobiernos, las familias y los sectores privados. No estamos exentos de los retos, pero la tecnología y el tesón de nuestro equipo nos permiten informar a millones de personas.

A raíz de la pandemia, se ha fortalecido el valor de estar acompañado, la vida comunitaria y la cercanía con los nuestros. El individualismo ha caído derrotado. El virus obliga a todos a realizar un ejercicio de solidaridad y amor al prójimo.

Estos 50 años coinciden con uno de los momentos más críticos de la industria de las comunicaciones. La inminente recesión económica, producto de la pandemia, golpea despiadadamente a medios como los nuestros.

Es otro desafío.

Inspirados por el mismo espíritu de nuestro abuelo Luis A. Ferré, quien se levantó una y mil veces sin importar el tamaño de la adversidad, enfrentaremos con gallardía este nuevo reto.

El Nuevo Día, con la fuerza de sus 50 años y la bandera del mejor periodismo, continuará, mano a mano con nuestra gente, aportando a las soluciones.

Creemos en Puerto Rico.

Soñamos un mejor país dándole la bienvenida a otra nueva alborada.

Hoy celebramos con ustedes nuestra existencia. Damos gracias a las audiencias vibrantes que nos acompañan en este recorrido que, tras cinco décadas, apenas inicia.

Porque nada es más inesperado que una noticia.

Irma, María, terremotos y ahora COVID-19. La fragilidad humana es un recuerdo constante en nuestras páginas, pero también plasmamos el ánimo de un pueblo alegre, generoso, dedicado, luchador y resiliente. No hay María que nos tumbe ni virus que nos derrumbe.

Apostando a un Puerto Rico mejor.

¡Aquí estaremos por otros 50 años más, con ustedes!

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