💬 0

Acción contra los factores que empujan a la calle

Las personas sin hogar constituyen un rostro muy lastimoso de la exclusión socioeconómica en Puerto Rico y cargan consigo las consecuencias de la incapacidad institucional de nuestro país para resolver los serios problemas que empujan a estos seres a la calle.

Adicciones, padecimientos de salud mental, exposición a la violencia, abandono familiar e incapacidad de generar ingresos son algunas de las situaciones que se repiten como detonantes de la pobreza extrema y soledad en que las personas sin techo sobreviven.

Las autoridades locales han fijado en 3,500 la cantidad de personas calificadas como personas sin hogar, a la luz de los indicadores que las definen. Pero expertos sostienen que el problema crece, por lo que incluso es meritorio revisar y redefinir el término persona sin hogar.

Un estudio del Departamento de la Familia revela que la edad promedio de las personas sin techo es 40 años y que su inmensa mayoría, el 76 por ciento, la componen hombres. La dependencia de sustancias adictivas constituye el detonante más frecuente, de acuerdo con el estudio.

Estas personas son reflejo trágico del escenario de adicción a narcóticos o estimulantes que carcome a demasiadas personas en Puerto Rico, lacerando la calidad de vida de los usuarios, su familia y la sociedad en general.

La Administración de Servicios de Salud y Contra la Adicción (Assmca) considera que nuestra isla se encuentra en estado de alerta debido al problema de las drogas, que en 2017 cobró 118 vidas. Un dato muy revelador y preocupante es que la gran mayoría de los decesos fue víctima de sobredosis y del abuso de los narcóticos derivados del opio que son obtenidos por recetas médicas.

En ánimo de evitar que la isla pase al umbral de la crisis, Assmca desarrolló una campaña de prevención dirigida a los grupos identificados como los más propensos a sucumbir ante los opiáceos. Estos son los adolescentes y los adultos. Mientras, la agencia señala que los problemas mayores se concentran entre los varones entre los 30 y 45 años y apunta a los padecimientos de salud mental como uno de los factores de riesgo.

Como puede verse, el uso de narcóticos está presente en estos dos fenómenos que, en circunstancias extremas de descontrol y falta de recursos, conduce a unos a las calles y a otros a la muerte.

En paralelo al usuario de drogas recetadas, el perfil de la persona sin techo no necesariamente corresponde a la imagen del ser humano que vaga por los pueblos, sin techo, aislado, privado de alimentos e higiene.

Ejemplos son aquellas personas que perdieron sus casas a causa del huracán María, los que duermen en casetas de acampar mientras esperan por ayudas gubernamentales y los estudiantes universitarios errantes entre hospedajes. Esta situación apunta a la necesidad de revisar la política pública, de modo que se pueda atender el problema de la persona sin hogar desde una óptica más amplia.

Ante un problema humano que la sociedadtiende a invisibilizar y que sufre de falta de políticas integrales, se impone una acción concertada con enfoques y medidas innovadoras de ayuda a las personas sin hogar. La intervención debe atender los factores estructurales, tales como la dificultad para acceder a una vivienda asequible, el desempleo y los retos individuales alusivos a las enfermedades mentales, el alcoholismo y la adición.

Son pasos correctos los estudios que abordan el problema desde su complejidad y las campañas de prevención que usan los recursos disponibles. No olvidemos que los programas de ayuda social para combatir la pobreza, las adicciones y desórdenes mentales son complemento indispensable de los esfuerzos para desarrollar la economía y brindar oportunidades de mayor crecimiento a nuestra gente.

💬Ver 0 comentarios