💬 0

A cerrar la brecha social en la temporada ciclónica

Al acercarnos al periodo pico de la temporada de huracanes, Puerto Rico debe tener en orden sus planes para prevenir y mitigar riesgos basados en las lecciones aprendidas hace casi dos años.

La tarea corresponde tanto a los ciudadanos y a los sectores privado y sin fines de lucro, como a los gobiernos estatal y municipales. El huracán María mostró la relación entre vulnerabilidad y pobreza. Los estudios al respecto son guías para los planes.

En semanas recientes, expertos respaldados por el Instituto de Investigaciones Interdisciplinarias de la Universidad de Puerto Rico en Cayey validaron ese vínculo, al destacar que el 76% de los residentes de la isla es socialmente vulnerable ante el impacto de un huracán. Están identificados los municipios con más vulnerabilidad.

Sus conclusiones se basan en una herramienta que desarrollaron llamada Índice de vulnerabilidad social ante huracanes en Puerto Rico, por medio de la cual miden cinco dimensiones en que la población es más susceptible a mayores riesgos o pérdidas ante estos eventos climáticos. Estas son: la dependencia y redes de apoyo, que incluye factores de riesgo como la pobreza; el acceso a medios de información, que incluye los niveles educativos de las personas y su acceso digital o tecnológico; el acceso a capital o ingresos; el mantenimiento de bienestar de la salud; y la seguridad.

La nueva herramienta, desarrollada por un equipo multidisciplinario, propone un acercamiento más atado a la realidad social de Puerto Rico que, según los investigadores, no se refleja en el Índice desarrollado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Dicho Índice es utilizado por la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) y otras agencias para asignar fondos.

Los estudiosos sostienen que las familias que viven bajo el nivel de pobreza deben ser las primeras en recibir apoyo. Además, identifican una serie de poblaciones en riesgo mayor, como son las personas con artritis, familias con gran cantidad de miembros, personas con diabetes, con angina de pecho o personas que han considerado el suicidio. También estarían más amenazados los adultos sin empleo, personas sin acceso a Internet, computadoras o teléfonos inteligentes, personas de bajo nivel educativo y beneficiarios de la asistencia nutricional.

Estos datos, entre otra cantera de estudios que documentan dónde y cómo prevenir tragedias como la vivida luego del huracán, tienen que ser parte de los procesos de planificación y desarrollo de políticas públicas.

Los informes sobre las casi 3,000 muertes asociadas al huracán María ya habían apuntado a que la gente que vive en la pobreza es más vulnerable ante un evento climático. Asimismo, se había confirmado cómo las condiciones de salud de las víctimas, sumadas a la interrupción de servicios médicos debido al colapso del sistema eléctrico, hicieron más trágica la catástrofe de 2017.

Al aproximarse el segundo aniversario de aquella pesadilla, las comunidades, entidades sin fines de lucro y municipios deberían tener a mano un inventario de necesidades y de la población más propensa a dichos riesgos para actuar con prontitud al primer aviso de una amenaza ciclónica.

Aún quedan miles de casas techadas por toldos, una población infantil que encima de la pobreza enfrenta el trauma de la pasada emergencia y miles de ancianos desamparados. La atención a esos grupos no puede quedar al azar en medio de una tormenta. La planificación previene desastres.

Pero más allá de lo inmediato, los hallazgos revelados por los investigadores reiteran la necesidad de establecer políticas dirigidas a cerrar la brecha de la desigualdad y erradicar la pobreza. Hace falta una política social integrada, justa y coherente para que, ante un eventual embate ciclónico, Puerto Rico pueda levantarse pronto y sin pérdida de vidas.

💬Ver 0 comentarios