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A combatir el impacto social del golpe ciclónico

El golpe indirecto del huracán Irma tiene un impacto social mayor en la población más pobre, muchos de los cuales aún viven en frágiles casas de madera y zinc, y para quienes se agrava la carencia de servicios esenciales porque no necesariamente disponen de herramientas de mitigación como una planta doméstica de generación eléctrica y una reserva de agua.

El impacto del fenómeno natural, por lo tanto, acentúa la desigualdad social, en un país donde el 46% de su población, y el 57% de sus niños y jóvenes, vive bajo el nivel de pobreza. Esto exige de las autoridades tomar acción urgente y articular políticas integradas de mediano y largo plazo para atender a las poblaciones en mayor desventaja, al tiempo que se trabaja con planes para restablecer la energía eléctrica y el sistema de agua potable para todo el país.

No por casualidad, dos de los pueblos identificados preliminarmente por el gobernador Ricardo Rosselló Nevares como los más afectados por el temporal son Culebra y Utuado. Según la Oficina del Censo, el 45.5% de las personas en esa isla municipio vive en pobreza, con un ingreso per cápita de $9,333 entre 2011 y 2015. En el caso de Utuado, ese segmento poblacional sube al 55.5%, con un ingreso per cápita de $7,449 para el mismo periodo.

Aunque está por conocerse la cantidad precisa de viviendas que quedaron inhabitables en ambos municipios y en el resto del país, las imágenes recogidas hasta el momento develan esa otra cara de Puerto Rico, la del subdesarrollo. Ese estado se manifiesta en comunidades propensas a inundaciones, derrumbes o a los estragos de vientos fuertes sigue ignorado en las políticas económicas, sociales y de planificación de infraestructura. De ahí que, en cada evento de lluvia intensa o de tormenta, se repite el perfil de quienes buscan refugio en los albergues que habilita el gobierno. La mayoría son adultos mayores desamparados, personas sin empleo y jefas de familia, el segmento de la población que los expertos describen como el más pobre entre los pobres.

La condición social y económica de las personas está también estrechamente relacionada con las circunstancias que llevan a muchos a solicitar servicios médicos durante eventos como el de esta semana. Por eso, este grupo de ciudadanos en desventaja son, de nuevo, los más afectados cuando los planes de contingencia fallan, como ocurrió en el Centro Médico cuando con la avería de una planta eléctrica en el momento más intenso del paso cercano del huracán por el país.

El golpe ciclónico confirmó el diagnóstico de la vulnerabilidad de infraestructura crucial en Puerto Rico. Sin embargo, muchas de las fallas que ahora experimentamos se resuelven con compras urgentes de materiales y movimiento de brigadas especiales. La admisión de la dirección de la Autoridad de Energía Eléctrica de que ocho de nueve líneas claves de transmisión cedieron por deficiencias en piezas laceradas por la corrosión u otros factores vinculados a una crasa falta de mantenimiento son inaceptables en una operación adecuada de un sistema vital para el país.

Así mismo será importante repasar los planes y sistemas de apoyo en emergencias de hospitales, revisar el estado de las carreteras y puentes y de los sistemas de acueductos.

En cambio, además de la asistencia inmediata que ya se ofrece en forma de albergues y ayudas económicas, reducir el impacto social requiere la creación de políticas integradas a corto, mediano y largo plazo.

Urge atender a la población que con cada evento sufre los peores embates del mal tiempo para librarlos de las condiciones que les mantienen en ese círculo indigno de la marginación. Combatir la pobreza y desigualdad que ancla en condiciones de vulnerabilidad a la mitad de la población de Puerto Rico es una de las tareas más apremiantes que deja el poderoso huracán Irma.

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