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A convenir por un plan fiscal realista en la UPR

La Universidad de Puerto Rico debe asumir su nuevo plan fiscal como un instrumento clave para estabilizar sus finanzas y reafirmar sobre bases firmes la excelencia educativa. Pero, sobre todo, para encaminar una profunda reestructuración del sistema a tono con los cambios dramáticos experimentados en nuestro país.

En el centro de esta necesaria reorganización debe figurar la conciencia del papel de la educación superior como poderoso agente de transformación social, vehículo para la integración en el mercado laboral de sus egresados e instrumento de desarrollo para la atribulada economía insular. Facilitar que la universidad pueda cumplir a cabalidad con esta misión, dentro de sus posibilidades reales de financiamiento y con mecanismos de ejecución y fiscalización factibles, debe ser el norte del documento a ser considerado por la Junta de Supervisión Fiscal. El organismo concedió una prórroga de dos semanas para la presentación del plan revisado.

Por lo pronto, han trascendido unas discrepancias entre los ejecutivos universitarios y de la Junta sobre las proyecciones de matrícula y el número de recintos que han retrasado la adopción de medidas para sacar adelante a la entidad ante una significativa merma en las aportaciones gubernamentales. Del lado estudiantil se critica la falta de análisis y detalles en el documento y la preocupación de que un aumento en los costos del crédito subgraduado y posgraduado limite el acceso a estudios a los más pobres. Su pedido de que se fiscalice el uso de los dineros recibidos es más que razonable y debe aplicarse prospectivamente.

Para trazar la ruta de la revitalización universitaria se deben eludir los supuestos demasiados optimistas y fundamentar bien las proyecciones, teniendo en cuenta el contexto social del país cuya reconstrucción depende en gran parte del aporte de la academia. Así, la universidad podrá adoptar el cuerpo de reformas inaplazables que le permitan actualizar su mal mantenida infraestructura y abrazar las ventajas de la tecnología en todos sus procesos, para abaratar costos y hacer el mejor uso de sus recursos.

Es innegable que el paso del ciclón María añadió mayor presión sobre las arcas universitarias, con $118 millones en pérdidas estimadas, y es de suponer que el éxodo masivo que ha experimentado la isla también se refleje en una baja en la cantidad de alumnos. Ante esto, la entidad precisa emprender de inmediato una búsqueda intensa de fondos externos, encaminar la comercialización de sus investigaciones y acometer otros proyectos que le generen ingresos propios, teniendo en cuenta las nuevas necesidades de un país en reconstrucción. De este refuerzo debe derivarse su fortalecimiento económico. También apuntalará su autonomía fiscal.

No obstante, de poco vale contar con más fondos si esto no se traduce en el mejoramiento de las condiciones de estudio y trabajo que atraiga el mejor talento estudiantil y docente y lo retenga. La administración puntillosa es indispensable para generar eficiencias y marcar la marcha universitaria hacia la transparencia y la toma de decisiones éticas y responsables. La entidad demanda una transformación que sacuda sus rígidas estructuras con miras a erradicar la burocracia excesiva y los procesos redundantes que consumen el presupuesto con escasos resultados. Reclama, además, una reestructuración a conciencia de los presupuestos, los ofrecimientos y la viabilidad de sus once recintos. Ocho de estos tienen que demostrar que ameritan recuperar su plena acreditación, la que fue puesta en probatoria por la Middle States Association a raíz de un movimiento huelgario en mayo de 2017.

Esto nos trae a otro asunto medular en la universidad. Establecer canales de comunicación saludables que contemplen modos de dirimir controversias sin la interrupción de clases y trabajo es vital para la conducción de la inmensa agenda por delante.

En la revisión de su plan fiscal la entidad tiene la gran oportunidad de emprender su propia regeneración administrativa y docente para adaptarse a los entornos más complejos de recuperación pos huracán.

La Universidad de Puerto Rico debe ser ejemplo en la rendición de cuentas y este plan debe ser documento ejemplar cuya estructura y clara documentación puedan emular otras entidades públicas para dar forma a la recuperación del país. En la forma en que la institución decida ejercer su misión, así será su contribución a cumplir esta importante encomienda.

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