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Actuar juntos para superar el desafío de la pandemia

Las autoridades sanitarias en Puerto Rico, así como la sociedad entera, están emplazadas a enfrentar de forma urgente y agresiva la amenaza del coronavirus, declarado ya pandemia por la Organización Mundial de la Salud.

Las entidades salubristas locales y federales en la isla tienen que incrementar sus medidas para proteger a la población, en particular a los adultos mayores y personas con el sistema inmunológico comprometido por otras condiciones. Ambos segmentos representan buena parte de los habitantes de la isla.

La OMS ha dicho que, aunque la atención internacional ha estado puesta sobre la declaración de pandemia, se trata de una palabra que indica que las condiciones de epidemia se han extendido a nivel global. Ha hecho hincapié en que las palabras de mayor peso en este momento son prevención, preparación, salud pública, liderazgo político y, sobre todo, la gente.

La organización internacional ha expresado alarma por la rápida propagación y severidad de los contagios, pero sobre todo por los niveles de inacción de las autoridades gubernamentales a través del mundo. La entidad salubrista ha enviado un mensaje contundente: todos los países pueden cambiar el curso de esta emergencia haciendo las pruebas para detectar, tratar, aislar y rastrear los contagios, y movilizar a personal de respuesta. Las localidades que tienen pocos casos pueden evitar convertirse en grupos y focos de transmisión comunitaria. Puerto Rico no puede quedarse cruzado de brazos.

Al cierre de esta edición, el gobierno federal debatía si declaraba una emergencia nacional, lo que debería fortalecer las estrategias contra el virus. El Departamento de Salud local ha informado que en dos semanas comenzarían las pruebas para detectar el COVID-19. Mientras ambos gobiernos asumen sentido de urgencia, los ciudadanos tienen que hacerse cargo de las precauciones debidas cuando están fuera de sus hogares, y resguardándose en su vivienda en caso de tener síntomas como los asociados al coronavirus.

Han pasado más de dos meses desde que se descubrió este virus de alto contagio. Desde entonces, las limitaciones a las pruebas han dificultado a la comunidad médica cumplir su misión de discernir para prevenir.

Las autoridades tienen que manejar con prioridad la respuesta de atención, aún antes de que se confirmase el primer caso de contagio en la isla. Ante esta eventualidad, urge proteger la vida de los pacientes tanto como la salud del resto de la comunidad. En el 80% de los casos leves de COVID-19, cuando la persona recibe el tratamiento adecuado y no sufre complicaciones, logra recuperarse en dos semanas.

El escudo más fuerte contra el contagio es que cada ciudadano mantenga con rigor prácticas básicas como lavarse las manos con agua y jabón, o con un desinfectante a base de alcohol. También, mantener distancia mínima de tres pies de cualquier persona que estornude. Al toser o estornudar, toda persona debe cubrirse con su codoo un pañuelo desechable. Evite tocarse los ojos, la nariz y la boca porque las manos pueden haber entrado en contacto con superficies contaminadas.

En esta etapa del reto sanitario que implica el impacto del COVID-19 en la isla, es relevante no ceder a histerias ni desinformación para mantener la solidaridad comunitaria que nos ha caracterizado ante desafíos extremos como los golpes huracanados y el terremoto de enero. Es pertinente atender con especial celo a los adultos mayores, así como a ciudadanos con condiciones que limitan su movilidad o entendimiento. Más allá de nuestros familiares, la mano solidaria debe extenderse a personas que viven solas para evitar que carezcan de hidratación, alimentación y aseo.

La OMS ha instado a reconocer que, actuando juntos para superar este desafío, es posible hacer lo correcto para proteger a la población. Acogemos y reiteramos la invitación de la entidad mundial, convencidos de que, una vez más, la humanidad saldrá airosa y más unida ante este reto.

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