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A dar celeridad a los servicios de salud mental

La emergencia provocada por los estragos físicos y sociales que el huracán María dejó sobre Puerto Rico tiene enormes repercusiones en la salud mental de la población, que debe ser atendida por las autoridades con igual celeridad que la infraestructura.

Ha trascendido, por alerta de la Coalición de Salud Mental, que agrupa a peritos de múltiples disciplinas, que estos profesionales están disponibles para entrar en escena en refugios y comunidades. Sin embargo, carecen de detalles sobre el plan oficial porque no han tenido contacto con los funcionarios a cargo en el gobierno ni con el proveedor de servicios del seguro de salud público debido al colapso de los sistemas de comunicación.

Las acciones a tomar en escenarios como estos han sido definidos por entidades internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha delineado recomendaciones en su Guía práctica de salud mental en situaciones de desastres.

Ese documento establece que, según sea la magnitud del evento, entre la tercera parte y la mitad de la población expuesta pude sufrir alguna manifestación psicológica que requerirá atención durante periodos prolongados.

Puerto Rico vive el peor desastre natural en un siglo, que alteró por completo la vida de cada uno de sus 3.2 millones de habitantes. Nadie quedó exento, ni por condición socioeconómica, género, ni edad, de los suplicios de carecer de los servicios básicos de agua, luz y comunicación. Incluso, de sus medicamentos. Miles esperan bajo el sol inclemente en largas esperas en filas por gasolina, hielo u otros servicios. Familias perdieron contacto por días. Muchas perdieron sus hogares y sus recuerdos más atesorados. Decenas permanecen en condiciones precarias en refugios y hospitales. Y el gobierno ha anticipado que la recuperación será lenta.

Debemos sumar a eso que un estudio epidemiológico, dado a conocer al comienzo de este año, reveló que más del 7% de los adultos entre 18 y 64 años que residen en Puerto Rico padece de una condición mental seria. Dos de cada diez padece una condición siquiátrica, uno de cada diez sufre de desórdenes depresivos severos, casi el 24% combina alguna condición mental con abuso de drogas y alcohol y cuatro de cada diez con problemas mentales serios no reciben tratamiento alguno.

Se trata, pues, de una combinación peligrosa para estas personas, para sus familias y para el resto de la comunidad en estos momentos de estrés generalizado. Según el documento de la OMS, “la provisión de ayuda, cuando es precaria, desorganizada, tardía o se agota muy prontamente, puede constituirse en una circunstancia agravante de la problemática y puede generar conflictos sociales”.

Es importante que, pasada más de una semana del paso del huracán, ya estén activados en la calle brigadas de profesionales que brinden atención y consejo a nuestros ciudadanos. También los socorristas y otro personal en la primera línea de ayuda requieren apoyo y asistencia.

Lasrecomendaciones de la OMS deben ser aplicadas para facilitarles el proceso de recuperación a los ciudadanos, principalmente a los niños, a quienes más se les dificulta entender lo que acontece. También los jóvenes, la población de mayor edad y aquellas hospitalizadas o con condiciones especiales ameritan esta atención.

Reconocemos la oportuna reactivación y la disposición mostrada por la Coalición de Salud Mental, así como por el Colegio de Médicos de Puerto Rico, que creó ocho grupos multidisciplinarios de salud, cada uno con un especialista en salud mental. Urge que los responsables del gobierno en este tema coordinen la colaboración inmediata con estos profesionales. Debe proveerse acceso urgente a los damnificados que permanecen en refugios, en égidas, hospitales y cualquier otro escenario donde esta ayuda es de importancia vital.

Es evidente que, a futuro, hará falta establecer mejores estrategias de intervención rápida para asegurar que la salud mental de la población, en un evento como el vivido hace poco más de una semana, sea tan prioritaria como las tareas para levantar la infraestructura. Ambas necesidades van de la mano.

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