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A evitar una crisis de salud pública en Puerto Rico

Al cumplirse 12 días del paso del huracán María, las condiciones de salud en los refugios se complican por el potencial de propagación de enfermedades contagiosas, mientras nos acercamos a la temporada alta de dengue y persiste la escasez de agua potable y suministros básicos para gran parte de la población.

El país se encuentra en la antesala de un problema serio de salud pública, con los hospitales y centros de atención médica saturados. Algunos operan con plantas de emergencias y sin suficientes suministros esenciales, pero otros siguen inoperantes.

Mientras, en las calles la acumulación de agua estancada y desechos provee el escenario perfecto para la proliferación de mosquitos y plagas. Además, ante la falta de agua potable ya surgen enfermedades asociadas a pobre higiene que han hecho aumentar a niveles preocupantes los casos de conjuntivitis, gastroenteritis y condiciones de la piel.

La crisis castiga de manera especial a los pacientes de diálisis y los que dependen de ventiladores mecánicos para su recuperación en los hospitales, cuyos servicios de emergencia hace rato que han pasado el límite de su capacidad. En Humacao, hospitales como Ryder funcionan de forma parcial, pero otros, no han podido reabrir operaciones. En el lado contrario de la isla, en Aguadilla, el hospital Buen Samaritano anunció que tendrá que cerrar temporeramente ante la carestía de energía y agua. El problemático escenario de los hospitales, como vemos, abarca a todo el país, por lo que así de abarcadora debe ser la respuesta.

Tiene razón el gobernador Ricardo Rosselló Nevares al colocar con prominencia el funcionamiento pleno de los hospitales entre las prioridades para la recuperación. Su reconocimiento de que el país está al borde de una crisis de salud recalca la importancia de adoptar medidas igualmente críticas para evitar lo peor.

Esperamos que el presidente Donald Trump, a quien recibiremos mañana, martes, pueda ver de primera mano la problemática de salud que demanda máxima atención antes de que empeore. La situación sigue siendo de emergencia en cuanto al manejo de los pacientes en estado crítico y al traslado de enfermos graves a las instalaciones médicas, por lo que el papel del Ejército de los Estados Unidos se torna cada vez más vital en la distribución de los ansiados generadores de electricidad y diésel a los hospitales, así como abastos de agua y los suministros esenciales que escasean en las instalaciones médicas y comunidades enteras, algunas todavía incomunicadas.

Ciertamente hay avances esperanzadores. Gracias a la respuesta federal en conjunto con los efectivos estatales el servicio eléctrico ha sido restablecido en 59 hospitales. En total, hay 51 instalaciones, entre hospitales y Centros de Diagnóstico y Tratamiento operando, así como 46 centros de diálisis. Están además en preparación los Medical Super Shelters en seis municipios y se espera que el megahospital flotante USNS Comfort —con capacidad para1,000 pacientes— atraque prontamente en la isla.

No obstante, quedan 8,867 personas en 139 refugios y los informes sobre la aparición de sarna, sumada a brotes de piojos, se presenta como explosiva en estos lugares. La situación demanda que se pongan en vigor y con el mayor rigor los protocolos en los casos de desastres como el que afrontamos.

Las enfermedades más peligrosas se producen en ambientes carentes de agua potable. Por ello, es urgente que personal militar ayude en ese suministro vital para reforzar la capacitad protectora de las medidas de limpieza e higiene.

Por otro lado, profesionales de la salud mental advierten sobre el alza en casos de depresión y estrés post traumático entre los damnificados, lo que exige respuesta rápida de sicólogos y siquiatras para esos ciudadanos.

Nos encontramos en los albores de una crisis humanitaria que refleja su impacto más dramático en la salud pública. Por eso, urge combatirla con una sólida coordinación de esfuerzos que nos permitirá una firme recuperación.

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