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A la espera de acción tras la visita presidencial

La visita del presidente Donald Trump ha de asumirse como una muestra del interés de su administración de aportar a la recuperación de Puerto Rico, para lo cual es importante que constatara de primera mano el terrible daño provocado por el despiadado golpe ciclónico de María.

Agradecemos la presencia del mandatario en esta etapa de la emergencia, que coloca sobre la isla la atención de la prensa americana y el mundo, y será seguida por la visita del vicepresidente Mike Pence, este viernes.

Es importante que Trump viajara a la isla acompañado del cuerpo de funcionarios responsable de atender las áreas críticas de infraestructura, suministros y ayuda humanitaria en momentos de necesidad como la que se vive: 8,000 refugiados, decenas de miles de familias sin casas, solo 7% del sistema de electricidad restablecido, 50% del servicio de agua potable en operación y la actividad productiva altamente lacerada.

Por ello, sorprendió la extraña alusión que dentro de este cuadro Trump hizo a las 16 muertes atribuibles a María hasta ese momento, en contraste con los decesos que causó el ciclón Katrina en Louisiana. La referencia a los desembolsos para ayuda como algo que descuadra el presupuesto federal sonó igualmente insensible.

Sumado a ello la inspección presidencial se limitó a lugares del área metropolitana donde la devastación y el estado extremo de necesidad no es tan patente como en pueblos ubicados en el tramo diagonal de Humacao a Arecibo, arrasados por el centro del huracán María.

Coincidimos con el mandatario en su apreciación de que al momento ha sido buena la respuesta conjunta de la administración del gobernador Ricardo Rosselló y el gobierno federal ante las carencias que afectan la vida ciudadana y los destrozos en la infraestructura vial y de servicios. Es, sin duda, encomiable la labor humanitaria que han encaminado los miembros del Ejército, la Guardia Costera y la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias para la mitigación inicial de los daños bajo nuestras circunstancias únicas.

Distinto a lugares donde los daños causados por fenómenos naturales se han concentrado en ciudades o espacios más limitados, Puerto Rico sufrió la devastación en todo el territorio en el que, por nuestra condición de isla, los abastos llegan solo por mar o por aire.

Es indiscutible que el impacto directo y altamente negativo de María en la cotidianidad de los ciudadanos americanos de Puerto Rico vino a agravar problemas previos como son la quiebra y el endeudamiento gubernamental, el desempleo y los altos pagos por servicios, provisiones y contribuciones que acompañan una crisis acentuada por más de una década de contracción económica.

Por ello, es imperioso que el apoyo del gobierno federal nos ayude a atender lo inmediato y también a trascenderlo. De un adecuado plan conjunto de desarrollo dependerá la edificación de una infraestructura fuerte, resistente a impactos ciclónicos y otros fenómenos propios del Caribe. Más allá, permitirá la necesitada revitalización de la actividad productiva que genere empleo significativo y la sustentabilidad, de la mano de adecuados sistemas de energía eléctrica y agua potable, así como una revitalizada red de puentes y carreteras.

Considerar la eliminación de las leyes de cabotaje que rigen en Puerto Rico, pero no en otros territorios, como las Islas Vírgenes americanas, daría al país una gran herramienta para el desarrollo.

Esperamos que la administración del presidente Trump, además, entienda la necesidad de incluir con celeridad la asignación de partidas significativas para Puerto Rico como parte de su abarcador plan de infraestructura al momento de considerar el presupuesto federal.

Confiamos en que el equipo presidencial que nos ha visitado pueda encaminar proyectos vitales como la flexibilización de las operaciones portuarias, las exenciones al pago de gastos y que la Reserva Federal y el Tesoro puedan otorgar una línea de crédito a bajo interés, entre otras medidas concretas para adelantar de forma consistente la reconstrucción del país a la que ya aportan unidos todos los puertorriqueños, ciudadanos americanos comprometidos firmemente con un mejor porvenir.

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