💬 0

Al pueblo se le sirve con decoro y transparencia

En todo momento, la investidura y la gestión pública tienen que guiarse por la transparencia y el decoro. Prescindir de estos faros, debilita las estructuras institucionales, exponiéndolas como mínimo a la ineficiencia o, lo que es peor, a la corrupción.

Esa advertencia se desprende del pliego que contiene las acusaciones federales emitidas esta semana contra ex altos funcionarios y contratistas del gobierno de Puerto Rico. La pieza acusatoria federal que desvela un presunto esquema de desfalco que le costó al país $15.5 millones, confirma un patrón de comunicación interna inapropiado, modelado desde altas esferas del gobierno.

Desde cuentas de correo electrónico personales hasta aplicaciones de mensajería encriptada que no dejan rastros de los intercambios, esas redes de comunicación riñen con el récord gubernamental y hasta podrían facilitar actuaciones indebidas.

Es, pues, evidente, la necesidad de que el gobierno imponga directrices, guías y sanciones claras para que se utilicen los canales oficiales en las comunicaciones entre funcionarios sobre la gestión pública. Esta es una medida urgente para prevenir la falta de transparencia y los males que se le asocian.

Precisamente, contar con mecanismos que aseguren la transparencia es uno de los reclamos reiterados por el gobierno federal para desembolsar los fondos federales asignados a la recuperación física, económica y social de la isla. Pese a los controles internos adoptados para cumplir con esos requisitos, la práctica atenta contra tales esfuerzos, a la luz de los hechos relatados en las acusaciones federales anunciadas esta semana.

Ha trascendido que, desde la propia cúpula del gobierno, el uso de los canales de comunicación extraoficiales ha sido rutinario. Además, refugiadas en el sentido de privacidad que proveen estas plataformas, en esas comunicaciones se desprende un patrón de insultos e inmadureces que empañan la imagen de quienes escriben. El funcionario electo debe mantenerse siempre a la altura de su cargo, mostrando respeto a todos. Esas expresiones reprochables distan del clima de seriedad y dedicación que el estado del país requiere de sus líderes.

El momento requiere la colaboración estrecha con la Junta de Supervisión Fiscal, en el marco del mayor respeto, para implementar las medidas fiscales urgentes. Igual respeto merece toda persona, pública o privada, sin distinción de género u opinión, para que nuestra sociedad alcance paz con justicia y equidad.

Los eventos recientes, que en parte derivan de la falta de escrúpulos y controles rigurosos, profundizan la crisis de gobernabilidad en un país fatigado. Los retos monumentales que enfrenta Puerto Rico exigen que desde su más alto nivel gubernamental se modelen los valores éticos elevados.

Tras los embates de una crisis fiscal y económica prolongada, agudizada por los huracanes, el porvenir de la isla depende de los esfuerzos para reorganizar la deuda y el gobierno, recuperar la credibilidad que libere los fondos federales para la recuperación y atraer la inversión. Estos y otros proyectos de desarrollo económico y social apremiantes, deben ocupar cada minuto en la agenda del liderato. Estos desafíos requieren cerrarle el cerco a la corrupción de forma definitiva.

Como primer paso contra la corrupción y el ocio en la gestión pública, el gobierno debe prohibir —y abstenerse de— usar cualquier vía de comunicación interna que no sean las oficiales, establecidas para mantener un récord claro y transparente de los asuntos de gobierno. El líder modela con su ejemplo.

Los acontecimientos de las últimas semanas deben servir, además, para que el liderato reflexione sobre la misión privilegiada que recae sobre sus hombros. Corresponde también que la ciudadanía exija rectitud a los investidos con el deber de servir. Su razón de ser como servidores públicos es proteger y adelantar el bien común de los puertorriqueños, para que cada persona, sin distinción, goce de las mismas oportunidades de desarrollarse con plenitud. La falta de ese entendimiento abre las puertas a la corrupción.

Puerto Rico necesita que sus líderes internalicen y asuman la estatura moral que exige servirle con carácter, decoro y transparencia.

💬Ver 0 comentarios