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Apoyar a las madres contribuye al progreso

Las madres son la espina dorsal de nuestra sociedad. En este día dedicado las madres, agradecemos los esfuerzos con los que, contra viento y marea, ellas hilvanan nuestro tejido social.

El mejor homenaje a las madres es reconocer la magnitud de sus aportaciones a lo que somos, como personas y como país. Homenajearlas incluye reconocer los obstáculos que les dificultan progresar y, con ellas, a sus hijos.

Los deberes hogareños, la crianza y el cuido de los enfermos y ancianos han sido impuestos sobre ellas, de forma desigual. En aras de que nuestro desarrollo como sociedad, sea justo y sostenible, dicha responsabilidad debe corresponder por igual a todos los componentes de una familia.

La delegación desbalanceada de responsabilidades sobre las madres se traduce, a veces, en distanciamiento por parte de los hombres a sus deberes como padres y parejas. Según datos del Registro Demográfico hace cinco años, el 68% de los nacimientos en Puerto Rico eran fruto de parejas que no vivían bajo el mismo techo. La tendencia era ascendente. Se estimaba que el 25% de las madres estaban solas a cargo de sus bebés.

Por otro lado, las imposiciones culturales sobre la mujer se usan como excusa para justificar la opresión y otras formas de violencia que, a veces, les cuesta la vida. Muchas son ultimadas por sus parejas, incluso frente a sus hijos. En lo que va de 2019, cuatro mujeres han sido asesinadas, y otras decenas han sido agredidas en escenarios de violencia doméstica o familiar.

Pese las múltiples cargas, muchas mujeres carecen de redes de apoyo familiar, comunitario o institucional que les alivie el peso y les permita buscar oportunidades de estudiar o trabajar, para poder de salir de la encerrona de la pobreza.

Para 2013, las mujeres encabezaban el 58% de los hogares con menores pobres. El 70% de las madres solteras con menores era propenso a vivir en pobreza. El 75% de los nacimientos fueron pagados por el plan de salud público.

Otros informes indican que el peso de la crianza de los niños sobre la mujer expone, a las que logran conseguir un trabajo, a mayores niveles de discrimen y hasta hostigamiento laboral. Otras tienen que trabajar el doble en un sistema que no siempre las compensa justamente por sus méritos o eficiencia. Reciben, en cambio, pagos desiguales o quedar relegadas al subempleo. Según la encuesta del Grupo Trabajador más reciente, de febrero de 2018 al mismo mes de 2019, alrededor de 32,000 mujeres perdieron sus plazas a tiempo completo, una diferencia marcada frente a 2,000 hombres en la misma situación. Y 42,000 mujeres más ocuparon plazas a tiempo parcial en un año.

Mientras se les exige encargarse de los niños y el hogar en una cultura machista, a la mujer se le penaliza y se le imponen trabas para desarrollarse laboralmente. Hacen falta más iniciativas que les provean apoyo en el cuido de sus hijos y otras necesidades.

Esa falta de apoyo responde en buena medida a la limitada representatividad en las esferas públicas y política. Todavía en la isla, las mujeres, que componen la mayoría del grupo votante, son minoría en los altos cargos de las ramas de gobierno.

Pese a todo ello, muchas han roto techos y abierto caminos. Todas, sin embargo, demuestran que, desde tiempos ancestrales, las mujeres son capaces de asumir más de una responsabilidad a la vez. Pueden hacerlo con excelencia. Por cada mujer exitosa reconocida públicamente, existen miles que componen una fuerza anónima que mueve a Puerto Rico.

Con su esfuerzo y sus logros, las madres inspiran y modelan. Zurcen nuevas redes sobre las que sostienen al país. A ellas, a las que han ascendido y a las que perseveran en salir adelante para asegurarles bienestar a sus hijos y comunidades; y a las que no están, pero con ternura y con fuerza pavimentaron al país con valores y sacrificios, expresemos gratitud.

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