💬 0

A revertirse el plan sobre el emblemático parque

Sería ése un paso que avalarían no sólo los residentes de San Juan y de todos sus sectores, sino todos los puertorriqueños que, en una ocasión u otra, han disfrutado de las placenteras áreas verdes ubicadas en el corazón del área metropolitana, de su sereno lago artificial y de sus caminos que invitan a la reflexión y a la comunión espiritual.

El Parque Luis Muñoz Marín, por cierto, es mucho más que todo lo anterior, con todo y el inconmensurable valor que ello reviste: es un espacio -uno de los muy escasos que existen en toda la Isla- para el esparcimiento del ánimo y la buena calidad de vida.

Escindirlo, como sería el resultado final de la propuesta de la alcaldesa al acceder simplemente a intereses comerciales, constituye una agresión de considerable magnitud, además de una denegación del propósito para el cual fue erigido a principios de la década de los 70 en las cerca de 100 cuerdas separadas para producir acaso el único pulmón verde en el área metropolitana.

La alcaldesa Cruz debería sentirse compelida a conocer la lucha moral y de conciencia que se dio entonces para evitar que esa área se reservara y permaneciera como emplazamiento ideal de lo que comenzaría como el Parque Central y luego Parque Las Américas. Aquella dura batalla para impedir que presiones políticas y de negocio convirtieran un proyecto que gran significación pública, culminó en la redesignación del parque como Parque Luis Muñoz Marín, en reconocimiento a sus esfuerzos para que no se escamoteara el fin público del proyecto original.

Ahora, cuando el País ha disfrutado de esa monumental área de recreación pasiva, asombra que el Gobierno municipal de San Juan –al que, en una decisión a todas luces errada, la anterior administración de Gobierno traspasó de la Compañía de Parques Nacionales–, intente desarticular el propósito de ese valiosa reserva de oxígeno. Asombra que la alcaldesa, en contubernio con la mayoría popular de la Legislatura municipal, haya sucumbido a la tentación de atender por esta vía fácil y onerosa al interés público, los problemas de descuido institucional que acarrea el parque.

Una solución por demás onerosa para el ambiente y para los ciudadanos de San Juan, cuando el acuerdo proyecta un negocio privado mediante el establecimiento, en cerca de dos cuerdas del parque, de tres canchas de fútbol, en las que los usuarios tendrían que pagar hasta $80 la hora.

A las tres canchas se agregará una barra para el expendio de bebidas alcohólicas, un “juice bar” para la venta de cervezas artesanales y vino y dos canchas de voleibol playero convertible a una de fútbol en arena, por cuyo uso también se pagará, lo que supone pingües ganancias para los dueños del llamado Parque Deportivo Energético de San Juan.

Abona a la estupefacción por esta decisión de la alcaldesa de San Juan. el dato de que por el uso de esa parte de terrenos reservados al disfrute gratuito de los sanjuaneros en particular y los puertorriqueños en general, los proponentes pagarían al municipio apenas $2,500 mensuales por 25 años, una cantidad irrisoria comparado con el potencial de ganancia que generaría su negocio.

Conocida por la alcaldesa la épica que salvó esa área en los años 70, será fácil para ella adoptar una posición oficial de bravura revirtiendo su decisión original.

💬Ver 0 comentarios